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martes, 2 de julio de 2019

Fortunata y Jacinta

«En la sociedad madrileña, la más amena del mundo porque ha sabido combinar la cortesía con la confianza, hay algunos Pepes, Manolitos y Pacos que, aun después de haber conquistado la celebridad por diferentes conceptos, continúan nombrados con esta familiaridad democrática que demuestra la llaneza castiza del carácter español. El origen de esto habrá que buscarlo quizá en ternuras domésticas o en hábitos de servidumbre que trascienden sin saber cómo a la vida social. En algunas personas, puede relacionarse el diminutivo con el sino. Hay efectivamente Manueles que nacieron predestinados para ser Manolos toda su vida. Sea lo que quiera, al venturoso hijo de Don Baldomero Santa Cruz y de Doña Bárbara Arnaiz le llamaban Juanito, y Juanito le dicen y le dirán quizá hasta que las canas de él y la muerte de los que le conocieron niño vayan alterando poco a poco la campechana costumbre.»

Benito Pérez Galdós. “Fortunata y Jacinta”. Capítulo 1.

domingo, 16 de marzo de 2014

Dejar sin leer la moraleja


Platero y Yo

Capítulo ciento veinticinco. La fábula 

Desde niño, Platero, tuve un horror instintivo al apólogo, como a la iglesia, a la Guardia Civil, a los toreros y al acordeón. Los pobres animales, a fuerza de hablar tonterías por boca de los fabulistas, me parecían tan odiosos como en el silencio de las vitrinas hediondas de la clase de Historia Natural. Cada palabra que decían, digo, que decía un señor acatarrado, rasposo y amarillo, me parecía un ojo de cristal, Un alambre de ala, un soporte de rama falsa. Luego, cuando vi en los circos de Huelva y de Sevilla animales amaestrados, la fábula, que había quedado, como las planas y los premios, en el olvido de la escuela dejada, volvió a surgir como una pesadilla desagradable de mi adolescencia.

Hombre ya, Platero, un fabulista, Jean de La Fontaine, de quien tú me has oído tanto hablar y repetir, me reconcilió con los animales palantes; y un verso suyo, a veces, me parecía voz verdadera del grajo, de la paloma o de la cabra. Pero siempre dejaba sin leer la moraleja, ese rabo seco, esa ceniza, esa pluma caída del final.

Claro está, Platero, que tú no eres un burro en el sentido vulgar de la palabra, ni con arreglo a la definición del Diccionario de la Academia Española. Lo eres, sí, como yo lo sé y lo entiendo. Tú tienes tu idioma y no el mío, como no tengo yo el de la rosa ni ésta el del ruiseñor. Así, no temas que vaya yo nunca, como has podido pensar entre mis libros, a hacerte héroe charlatán de una fabulilla, trenzando tu expresión sonora con la de la zorra o el jilguero, para luego deducir, en letra cursiva, la moral fría y vana del apólogo. No, Platero...

Juan Ramón Jiménez

martes, 19 de agosto de 2008

Hablar de política

(Aquí, el autor hubiera querido poner una página de puntos. «No será gracioso —le dijo el editor— y, tratándose de un escrito tan frívolo, no ser gracioso es como morir.»

—La política —prosigue el autor— es una piedra atada al cuello de la literatura y que, en menos de seis meses, la sumerge. La política, cuando existen intereses de imaginación, es un pistoletazo en medio de un concierto. Es un ruido desgarrador sin ser enérgico. No puede concertarse con ningún instrumento. La política que sigue ofenderá mortalmente a la mitad de los lectores y aburrirá a la otra, que ya la habrá leído en el periódico de la mañana en forma mucho más especial y enérgica...

—Si sus personajes no hablan de política —continúa el editor— no son franceses de 1830 y su libro ya no es un espejo, como usted pretende...)


En mitad de la narración, Stendhal intercala un paréntesis algo sarcástico.

Stendhal. "Rojo y negro".

sábado, 26 de julio de 2008

Stendhal

Era apocado. Cuando estaba en Italia, preguntó a otro oficial como él qué debía hacer para conseguir los «favores» de una mujer y anotó con absoluta seriedad los consejos que recibió. Comenzó a asediar a las mujeres conforme a las reglas, del mismo modo que había intentado escribir obras de teatro conforme a las reglas, y se ofendía cuando se percataba de que les parecía ridículo y se sorprendía cuando notaban su falta de sinceridad. Aunque era inteligente, da la impresión de que nunca se le pasó por la cabeza que el lenguaje que una mujer entiende es el lenguaje del corazón, y que el lenguaje de la razón la deja fría. Pensaba que podía conseguir mediante estratagemas y argucias lo que sólo puede alcanzarse con el sentimiento.

Maughan es implacable con Stendhal. Algunos pasajes que cuenta de la vida del autor son idénticos a los de su personaje, Julian Sorel, en “Rojo y Negro”.

William Somerset Maughan, "Diez grandes novelas y sus autores".

sábado, 7 de junio de 2008

Fukú

It was believed, even in educated circles, that anyone who plotted against Trujillo would incur a fuku most powerful, down to the seventh generation and beyond. If you even thought a bad thing about Trujillo,yz/a, a hurricane would sweep your family out to sez,fud, a boulder would fall out of a clear sky and squash you, fud, the shrimp you ate today was the cramp that killed you tomorrow. Which explains why everyone who tried to assassinate him always got done, why those dudes who finally did buck him down all died so horrifically. And what about fucking Kennedy? He was the one who green-lighted the assassination of Trujillo in 1961, who ordered the CIA to deliver arms to the Island. Bad move, cap'n. For what Kennedy's intelligence experts failed to tell him was what every single Dominican, from the richest jabao in Mao to the poorest giiey in El Buey, from the oldest anciano sanmacorisano to the littlest carajito in San Francisco, knew: that whoever killed Trujillo, their family would suffer a fuku so dreadful it would make the one that attached itself to the Admiral jojote in comparison. You want a final conclusive answer to the Warren Commission's question, Who killed JFK? Let me, your humble Watcher, reveal once and for all the God's Honest Truth: It wasn't the mob or LBJ or the ghost of Marilyn Fucking Monroe. It wasn't aliens or the KGB or a lone gunman. It wasn't the Hunt Brothers of Texas or Lee Harvey or the Trilateral Commission. It was Trujillo; it was the fuku. Where in conazo do you think the so-called Curse of the Kennedys comes from?2 How about Vietnam? Why do you think the greatest power in the world lost its first war to a Third World country like Vietnam? I mean, Negro, please. It might interest you that just as the U.S. was ramping up its involvement in Vietnam, LBJ launched an illegal invasion of the Dominican Republic (April 28, 1965). (Santo Domingo was Iraq before Iraq was Iraq.) A smashing military success for the U.S., and many of the same units and intelligence teams that took part in the "democratization" of Santo Domingo were immediately shipped off to Saigon. What do you think these soldiers, technicians, and spooks carried with them, in their rucks, in their suitcases, in their shirt pockets, on the hair inside their nostrils, caked up around their shoes? Just a little gift from my people to America, a small repayment for an unjust war. That's right, folks. Fuku.

The brief and wondrous life of Oscar Wao. Junot Díaz. La novela ganó el Pulizer de 2008.

lunes, 19 de septiembre de 2005

La constante macabra

El profesor francés André Antibi (Argelia, 1944) ha descrito en su libro "La Constante macabra" (El Rompecabezas), de gran éxito en Francia, una tendencia que se da en algunos países, España entre ellos, por la cual algunos profesores evalúan a sus alumnos equilibrando inconscientemente los porcentajes de notas buenas, malas y regulares, algo que penaliza inmerecidamente a los chicos que van peor en clase. "Ocurre por la presión social, no está bien visto que un profesor ponga a todos los alumnos buenas notas". Por eso los exámenes son más difíciles o tienden a evaluarse con más dureza.

El País, 19 de septiembre.

viernes, 15 de julio de 2005

Comer bien

He descubierto que la cadena de restaurantes Fresc Co está abriendo cada vez más restaurantes en Madrid. No sé si conocerán alguno pero se lo recomiendo. Sirven un buffet de primeros que consiste en una buena variedad de verduras y pasta y una opción de segundos bastante menos apetecible. No está pensado para los amantes de la carne y el pescado, y además tiene que cuadrar las cuentas con un precio de 7,70 euros. Pero se puede repetir cuantas veces se quiera. Uno tiene que hacer de cocinero, eligiendo condimentos y cantidades. Mirando el plato de delante y el de detrás uno se hace idea de cuales son las debilidades ajenas. También de cuales son sus obsesiones, como los platos llenos de verde para adelgazar. Creo que si trabajara en ese restaurante disfrutaría viendo lo que elige cada cliente.

Una buena pregunta sería ¿quién elige mejor? ¿Cuál es la mejor dieta para aguantar el día o vivir más? Son dudas importantes y debería haber más literatura sobre esos temas. Hace poco me leí “Saber comer para vivir más” de Eugenio Del Toma, un libro muy corto que publicó Alianza en el 99. Y francamente, no lo recomiendo. El mundo de la nutrición se parece al de la teología en tiempos del Lazarillo. Cada cual saca sus latines y quiere vender sus bulas al primer tonto que se le ponga a tiro. El mundo de la alimentación no tiene nada que ver con cualquier otra rama científica donde uno puede avanzar con paso firme. Todo son opiniones y refranes, todo consejos y sabiduría casera. Cuanto menos seria es una rama de conocimiento más literaria es la forma de hablar de ella.

Un ejemplo de la poca seriedad en que se mueven los dietistas es la mantequilla. Durante años se recomendó que se sustituyera por la margarina, hasta que se descubrió que esta era muchísimo peor para el corazón. Consciente de ello, Del Toma no prohíbe nada ni aconseja nada, casi hace literatura con cada alimento de modo que difícilmente el libro sirve para elegir un menú en el Fres Co. Sirve, acaso, para entretenerse leyendo sobre un tema, discutiendo sobre un tema y no sacando nada claro. Como todo en la vida.

Pizza margarita para una magnifica comida rapida
No hay duda de que la pizza napolitana es el prototipo italiano de la comida rápida. Su éxito, favorecido obviamente por el placer que proporciona comerla y por lo genuino de sus ingredientes básicos, se debe a múltiples razones, entre ellas lo practica que resulta, ventaja no secundaria en la vida moderna, que, sobre todo en las grandes metrópolis, obliga a consumir comidas rápidas y de un solo plato. Todo ello con el parcial benepIácito de los dietólogos, que no tendrían nada que decir sobre la pizza, ni siquiera en el caso de esos ancianos que no tienen justificaciones de prisa o de trabajo, si las relaciones entre nutrientes y la cantidad y calidad de los ingredientes fueran siempre las de la clásica "pizza margarita" con tomate y mozzarella. Efectivamente, lo que puede plantear problemas desde el punto de vista dietético es la exagerada fantasía de los cocineros, que ya no se limitan al primitivo plato de la cocina napolitana, en la que agua, harina, levadura, tomate, ajo y aceite, sin siquiera mozzarella, eran los ingredientes básicos. Hoy a la pizza se le añaden champiñones, anchoas, jamón, salchichón, mejillones, cebollas y embutidos en una destacada variedad de combinaciones todas ellas gastronómicamente válidas, pero cuya digestibilidad ningún dietólogo puede predecir, ni cuyo valor energético puede contabilizar por la continua variación de los ingredientes y de las cantidades utilizadas.
Con la premisa de un mejor conocimiento del valor nutritivo "medio" de una pizza, cualquier medico podrá tranquilamente aconsejarla como alternativa a otros platos, sin comprometer aquellas relaciones entre hidratos de carbono, proteínas y grasas ya reconocidas por la ciencia de la alimentación como base de cualquier dieta equilibrada y racional. Sólo conociendo mejor la cantidad de los ingredientes, los nutricionistas podrán formular razonables consensos o rechazos acerca de las porciones y de la frecuencia con la que debamos visitar las pizzerias.
A la espera de una estandarización, probablemente imposible, de los diversos ingredientes de la pizza, como referencia fiable existen los datos publicados por organismos oficiales, que atribuyen a la "pizza con tomate y mozzarella" los siguientes valores, para una confecci6n de 100 gramos, la que se le puede pedir a un vendedor de "pizza al corte": proteinas 5,6 gramos; grasas, 5,6 gramos; hidratos de carbono, 52,9 gramos; kilocalorias, 271.
Si esta fuese la cantidad media servida a los clientes en la mas tradicional pizza redonda, se podria ensalzar a la pizza no sólo por la corrección de las relaciones entre cada uno de sus nutrientes, sino todavía mas por la modestia del aporte calórico global, que podría reafirmar la plena legitimidad de la opción también para todos aquellos que deben seleccionar sus decisiones alimenticias debido a la obesidad o se ven obligados a reducir las grasas en su dieta. En concreto, sin embargo, es muy frecuente que las pizzerias o los restaurantes, tanto italianos como extranjeros, sirvan una pizza margarita de unos 210 gramos de peso (despues de la cocción): 11,8 gramos de proteínas, 11,8 gramos de grasas y 111 gramos de hidratos de carbono por un total de 570 kilocalorias.


Eugenio Del Toma. Saber comer para vivir más.

domingo, 3 de abril de 2005

La larga guerra civil

Desde que empezó el levantamiento, Franco nunca dudó que iba a ganar la guerra. Aunque remiso al principio, Musolini lo apoyó con todas sus fuerzas y comprometió en ello su honor. Envió un gran contingente de hombres, tanques y aviones que hizo figurar como voluntarios para evitar tensiones internacionales, pero que resultó ser de soldados regulares, como pudo demostrar el bando republicano tras la campaña de Guadalajara.



Musolini quería una guerra fulminante. Llegó a amenazar a Franco con retirar su apoyo si no avanzaba con más velocidad. Hitler, en cambio prefería una campaña lenta porque tenía puestos los ojos en una unión de intereses con el Duce y para ello necesitaba tiempo. El más interesado en una campaña larga era Franco. Cuando eligió la toma de Toledo en vez de Madrid, que aún no había recibido la ayuda rusa, obró a conciencia. Una y otra vez evitó campañas que le hubieran ofrecido una conquista rápida. En aquel momento su mayor objetivo era asentar su poder y limpiar sistemáticamente el país de los elementos que le incomodaban.

Para erradicar la izquierda y los separatismos Franco usó una crueldad inhumana. Musolini, escandalizado, le pedía explicaciones sobre las ejecuciones masivas a traves de su embajador Cantalupo, lo cual obligó al caudillo a cambiar las carnicerías por juicios sumarísimos. La legalidad de estos juicios era sólo nominal. Los abogados defensores eran nombrados por el juez, y a menudo pedían la ejecución con más insistencia que el fiscal. Franco firmaba cada una de las ejecuciones, no después de estudiarlas y pasar noches sin dormir, como reza la leyenda, sino con una frialdad pasmosa, mientras tomaba un café o iba en coche a una reunión. Las peticiones de indultos se acumulaban sin cesar, pero Franco se cuidó bien de que fueran respondidas con el retraso suficiente para haber sido ya ejecutadas.

A una de las muestras de impaciencia de Musolini, Franco respondió con una claridad meridiana: “Debemos realizar la tarea, necesariamente lenta, de redención y pacificación, sin la cual la ocupación militar sería totalmente inútil. La redención moral de las zonas ocupadas será larga y difícil porque en España, las raíces del anarquismo son antiguas y profundas.”* La saña con que redimió el territorio llegó a indignar a los dos grandes dictadores de su tiempo, tanto Musolini como Hitler expresaron la repugnancia que le inspiraban los métodos del caudillo.

* Cantalupo. Fu la Spagna.
Paul Preston. Franco, caudillo de España.

domingo, 20 de febrero de 2005

Samuel Johnson



Las colonias americanas se rebelaron contra Inglaterra porque no podían aceptar la idea de pagar impuestos sin recibir a cambio una representación en el parlamento. La respuesta de Samuel Johnson durante el conflicto, tal como la recoge Boswell, fue “Estoy dispuesto a amar a toda la humanidad, excepto a un americano”.

Si hubiera estado tan atento a no disgustarle como debía haber estado, no sé cómo hubiéramos llenado estas horas de vigilia, pues, por desgracia, me metí en la controversia respecto al derecho de Gran Bretaña a imponer tributos a América, y quise razonar en favor de nuestros compatriotas del otro lado del Atlántico. Insistí en que América podía ser bien gobernada y que podía hacerle producir suficientes ingresos por medio de la influencia, como se veía en el caso de Irlanda, al mismo tiempo que se podía complacer al pueblo dándole una participación en la Constitución británica, con un grupo de representantes, sin el cual consentimiento no podría imponérseles ninguna carga. Johnson no podía soportar que me opusiera a su declarada opinión, que se había lanzado a defender con un calor extremado, y la violenta agitación en que le vi sumido al responderme, o más bien reprenderme, me alarmó tanto, que me arrepentí de todo corazón de haber sacado la conversación sobre el particular. Yo también me acaloré y el cambio fue grande: de la serenidad de la discusión filosófica en que hacía un momento nos habíamos empleado, gratamente, hasta este estado de ahora.


En religión Johnson decía que nadie tiene derecho a pensar por sí mismo, la religión lo hace por nosotros. Defendía la desigualdad fundamental de las personas, la diferencia de derechos, también la inferioridad de la mujer. Los pobres no deberían ser educados para que no se rebelasen. Todo eso es parte de Johnson.

James Boswell admiraba a su personaje. Nos cuenta cada una de estas perlas filosóficas en el contexto en que fue pronunciada. Nos habla de la pensión donde comían, o de la familia que les había invitado. Entre vinos y comilonas, Boswell tomaba apuntes. Definió a Johnson como un hombre colérico a causa de los humores, y también, como un hombre mal interpretado por sus contemporáneos.

A mi me parece que la mala fama de Johnson era merecida, y también, que su cólera no era fruto de sus humores, sino de una visión del mundo intransigente que sólo se puede sostener con malos modales, lo mismo que un mal gobernante sólo se sostiene con su ejército.

Boswell, por su forma de contarnos las cosas no era un buen cronista. Tuvo la suerte de conocer a un hombre muy superior a él intelectualmente, pero no tuvo la suerte de comprenderlo. Al lector siempre le queda la curiosidad de cual pudo ser la conversación, porque las líneas que Boswell recuerda no son muy interesantes. Fue una época evocadora, todas lo son. Además de Johnson pululan por las reuniones grandes hombres, Macaulay, Rouseau, Voltaire, John Wilkes, Sir Josua Reynolds, Gibbon, Oliver Goldsmith.

James Boswell. La vida del doctor Samuel Johnson.
Citas | Biografía | Versión de Thrale | Su casa | Johnson y Shakespeare | The Columbia Encyclopedia |

miércoles, 16 de febrero de 2005

Los apuntes de Gombrich

Cuando estudiaba era muy fácil distinguir unos buenos apuntes de unos malos. En los buenos todas las ideas tenían un hilo y se podían seguir a lo largo de las clases y las manchas de bocadillo. En los malos cada idea aparecía de repente en medio de la nada, como una seta, y uno no sabía con qué truco mnemotécnico asociarla para recordarla a la hora del examen. La “Historia del arte” de Gombrich es como unos apuntes ideales donde cada idea está anudada con todo lo anterior y añade novedades que el lector pide con fruición. Cada periodo que las demás historias del arte convierten en un amasijo de cientos de obras, Gombrich lo explica con tres o cuatro ejemplos donde se anudan todas las aspiraciones del periodo anterior y las invenciones del nuevo. La verdad es que no entiendo por qué el ministerio de educación no saca una ley que obligue a cambiar todos los manuales de bachillerato por este.



Asustarse de la fealdad le parecía a Caravagio una flaqueza despreciable. Lo que él deseaba era la verdad. La verdad tal como él la veía. No sentía ninguna preferencia por los modelos clásicos ni ningún respeto por la belleza ideal. Quería romper con los convencionalismos y pensar por sí mismo respecto al arte. Algunos consideran que lo que principalmente se proponía era horrorizar al público; que no sintió ningún respeto por ninguna clase de tradición o de belleza. Fue uno de los primeros pintores a los que se dirigieron acusaciones semejantes y el primero cuya actitud fue resumida por los críticos en una palabra: se le acusó de naturalista.

Ernst Gombrich. La historia del Arte.
El cuadro: Caravaggio. La incredulidad de Santo Tomás, h. 1602-1603.

domingo, 13 de febrero de 2005

Ortega

No soy un forofo de Ortega, o sea, de lo que he leído de Ortega. Por su forma de escribir da la sensación de que no le sentó bien lo de ser un intelectual tan reconocido, lo de ser la avanzadilla en un país que estaba tan atrasado. Uno le oye hacer afirmaciones y pontificaciones como un señor al que han llevado pocas veces la contraria. El caso es que leyendo un ensayo que tiene sobre la novela, y que forma parte de “Ideas sobre la novela” encontré una observación muy moderna sobre el género.

En una larga novela de Emilia Pardo Bazán se habla cien veces de que uno de los personajes es muy gracioso; pero como no le vemos hacer gracia ninguna ante nosotros, la novela nos irrita. El imperativo de la novela es la autopsia. Nada de referirnos a lo que un personaje es: hace falta que lo veamos con nuestros propios ojos.

José Ortega y Gasset. La desumanización del arte e ideas sobre la novela.

miércoles, 9 de febrero de 2005

Susan Sontag

La cámara reduce la experiencia a miniatura, transforma la historia en espectáculo. Aunque crean identificación, también la eliminan, enfrían las emociones. El realismo de la fotografía crea una confusión sobre lo real que resulta, a largo plazo, sensualmente estimulante. Sean cuales fueran los argumentos morales a favor de la fotografía, su principal efecto es convertir el mundo en un supermercado o museo sin paredes donde cualquier modelo es rebajado a artículo de consumo, promovido a objeto de apreciación estética. A través de la cámara las personas se transforman en consumidores o turistas de la realidad, pues la realidad es considerada plural, fascinante y objeto de rapiña.
Susan Sontag. Sobre la fotografía.


De niña Susan Sontag fue una lectora empedernida. Se casó con diecisiete años, con un profesor de la universidad que la había dejado embarazada. Se hizo famosa con su colección de ensayos “Contra la interpretación”. Dentro de la obra se citó sobre todo sus “Notas sobre lo camp”. El concepto de camp se podía aplicar a Bach y a los Beatles, a Shakespeare y a Bergman. Lo camp es una forma de mirar el mundo como un objeto estético, es una reivindicación de lo feo, lo artificial, lo exagerado. Se trataba de abandonar los planteamientos moralistas, dejar de juzgar al prójimo, se trataba de destronar la seriedad, el artista como martir.

En los setenta sufrió de cáncer, tuvo una recaída unos años más tarde, ello le inspiró otra gran obra: “La enfermedad y sus metáforas.” Critica la asociación que hacemos entre las enfermedades y la conducta de los que la padecen. Asociamos al enfermo de tuberculosis con la hipersensibilidad, y al enfermo de cáncer con la represión. Con ello hacemos culpable al enfermo de su mal, en vez de víctima, que es su verdadero papel. En los ochenta extendió su visión al SIDA, donde sus planteamientos tenían mucho más que decir.

Sontag fue la intelectual penetrante que ocupó su mente con los problemas de su época, se ocupó del mundo real, no del suyo. Tanto si uno está de acuerdo con sus soluciones como si no, no puede dejar de respetar la actitud con que abordo esos problemas.

Murió el 28 de diciembre de 2004.

lunes, 11 de octubre de 2004

Las brujas



Estoy leyendo, a la vez, dos libros de historia, el primer tomo de Asimov sobre la historia de los EEUU y una Historia de España de Espasa. Y casi coincido en ambos con un episodio histórico que no me queda del todo explicado. Se trata de la caza de brujas. A finales del XVII, en las colonias americanas y en muchos países protestantes se desencadena una matanza absurda. Las brujas son halladas culpables y sentenciadas sin piedad. Asimov dice que al menos dos millones de personas son quemadas entre 1500 y 1800 en Europa, 40.000 sólo en la Inglaterra del siglo XVI. Pero en España, la cuna de la inquisición, este episodio casi no tiene relevancia. ¿Por qué? Ninguna de las dos explicaciones acaba de convencerme.

Los antiguos hebreos creían en el poder de tal «magia negra» y aprobaron leyes contra ella y contra quienes la practicaban. Uno de los versículos de la Biblia dice, traducido al castellano: «No dejarás con vida a la hechicera» (Éxodo, 22:17).

Esta afirmación parecía hacer necesaria la creencia en la existencia de hechiceras y en la necesidad de castigar con suprema dureza la hechicería.

Los protestantes, que prestaban más atención a las palabras literales de la Biblia que los católicos, eran más propensos a temer a las brujas y a hallarlas en todas partes.
Asimov


La inmensa mayoría de los inquisidores españoles no creían en las manifestaciones que la credulidad pública achacaba a las brujas. Así se explica la relativa moderación con que la represión se llevó a cabo en España, sobre todo si se la compara con lo que pasaba en el mismo momento en otros países.
Joseph Pérez


¿Mi opinión? Creo que la inquisición española tenía un trasfondo político, por eso no reparó en esas infelices, probables víctimas de la histeria. Lo que llevó a los protestantes a aquella persecución se me escapa, puede que fuera un método de control social.

Isaak Asimov. La formación de América del Norte.
Julio Valdeón, Joseph Pérez, Santos Juliá. Historia de España.

viernes, 10 de septiembre de 2004

La asertividad de Borges

Uno de los méritos de Borges, y de google, es el de haber convertido un mundo de páginas infinitas en un mapa asequible para el resto de los mortales. Borges es el gran destilador de la cultura occidental, el buscador de oro.

Su Introducción a la literatura norteamericana tiene 130 páginas pero en una obra más larga no encontrará una idea más amplia del asunto. Borges leyó tanto que uno puede confiar en su selección de autores, de anécdotas y de obras. Tanta condensación lo hacen difícil, como lectores estamos acostumbrados a leer con desgana autores que se alargan sin necesidad. Para entender a Borges hay que tener presente que cada coma es indispensable.

Borges es uno de los autores más asertivos que conozco. ¿Cómo pudo ser tan seguro un hombre encandilado con las dudas de Berkeley y con el escepticismo absoluto? La mayoría de los cuentos y ensayos de Borges acaban con un destello idealista: el mundo, propone, podría ser una ilusión. Pero aunque el mundo fuera un sueño, no cabe duda que cada sabio, cada autor vio en ese sueño algo distinto. La seguridad de Borges no reside en sus convicciones, ni en la fe en algo discutible, la seguridad de Borges reside en la palabra, no sabe si el mundo es una sombra proyectada en una caverna, pero él sabe que un filósofo lo vio así. Sus verdades tienen siempre un valedor, un sujeto que las afirma. Se pueden discutir las ideas de sus citas pero no se puede discutir que él las leyó y que otro las afirmó.

La seguridad de Borges no reside en que supiera más que los demás, sino en que era más consciente que los demás de sus propios límites.

FENIMORE COOPER. Su prosa palabrera, abarrotada de vocablos de origen latino, reúne todos los defectos y ninguna de las virtudes del estilo de su época. Hay un contraste incómodo entre la violencia de los hechos narrados y la lentitud de su pluma. Stevenson generosamente nos dice Cooper is the wood and the wave (Cooper es la selva y la ola).

Jorge Luis Borges. Introducción a la literatura norteamericana.

lunes, 7 de junio de 2004

Conservadores y revolucionarios

Lalo y otros sociólogos han observado que los niños, por ejemplo son en general conservadores en lo que al arte se refiere. El guiñol y los títeres perpetúan los personajes de la antigua comedia italiana; las fábulas y los cuentos son vestigios de antiguos mitos; sus juegos son antiquísimos y universales (un niño del Tibet juega con las mismas piedrecitas y las mismas reglas que el chico argentino que en mi infancia jugaba al "inenti"), instrumentos antiguos como la cerbatana la honda o el arco siguen manteniendo su prestigio al lado de las ametralladoras; su música conserva arcaicos instrumentos, como el tambor y la matraca.

También son conservadores, aunque por otros motivos, los viejos, los hombres de campo y los grupos religiosos; razón por la cual nuestros sacerdotes siguen vistiendo como en la Edad Media y la inmensa mayoría de nuestras iglesias siguen haciéndose en estilo románico o gótico.

Son en cambio revolucionarios los adolescentes, los jóvenes, ciertos tipos de adultos (neuróticos, resentidos, inadaptados, inquietos, pobres).

Ernersto Sabato. El escritor y sus fantasmas.