«En la sociedad madrileña, la más amena del mundo porque ha sabido combinar la cortesía con la confianza, hay algunos Pepes, Manolitos y Pacos que, aun después de haber conquistado la celebridad por diferentes conceptos, continúan nombrados con esta familiaridad democrática que demuestra la llaneza castiza del carácter español. El origen de esto habrá que buscarlo quizá en ternuras domésticas o en hábitos de servidumbre que trascienden sin saber cómo a la vida social. En algunas personas, puede relacionarse el diminutivo con el sino. Hay efectivamente Manueles que nacieron predestinados para ser Manolos toda su vida. Sea lo que quiera, al venturoso hijo de Don Baldomero Santa Cruz y de Doña Bárbara Arnaiz le llamaban Juanito, y Juanito le dicen y le dirán quizá hasta que las canas de él y la muerte de los que le conocieron niño vayan alterando poco a poco la campechana costumbre.»
Benito Pérez Galdós. “Fortunata y Jacinta”. Capítulo 1.
. Comenzó a asediar a las mujeres conforme a las reglas, del mismo modo que había intentado escribir obras de teatro conforme a las reglas, y se ofendía cuando se percataba de que les parecía ridículo y se sorprendía cuando notaban su falta de sinceridad. Aunque era inteligente, da la impresión de que nunca se le pasó por la cabeza que el lenguaje que una mujer entiende es el lenguaje del corazón, y que el lenguaje de la razón la deja fría. Pensaba que podía conseguir mediante estratagemas y argucias lo que sólo puede alcanzarse con el sentimiento.
He descubierto que la cadena de restaurantes Fresc Co está abriendo cada vez más restaurantes en Madrid. No sé si conocerán alguno pero se lo recomiendo. Sirven un buffet de primeros que consiste en una buena variedad de verduras y pasta y una opción de segundos bastante menos apetecible. No está pensado para los amantes de la carne y el pescado, y además tiene que cuadrar las cuentas con un precio de 7,70 euros. Pero se puede repetir cuantas veces se quiera. Uno tiene que hacer de cocinero, eligiendo condimentos y cantidades. Mirando el plato de delante y el de detrás uno se hace idea de cuales son las debilidades ajenas. También de cuales son sus obsesiones, como los platos llenos de verde para adelgazar. Creo que si trabajara en ese restaurante disfrutaría viendo lo que elige cada cliente.

Cuando estudiaba era muy fácil distinguir unos buenos apuntes de unos malos. En los buenos todas las ideas tenían un hilo y se podían seguir a lo largo de las clases y las manchas de bocadillo. En los malos cada idea aparecía de repente en medio de la nada, como una seta, y uno no sabía con qué truco mnemotécnico asociarla para recordarla a la hora del examen. La “Historia del arte” de Gombrich es como unos apuntes ideales donde cada idea está anudada con todo lo anterior y añade novedades que el lector pide con fruición. Cada periodo que las demás historias del arte convierten en un amasijo de cientos de obras, Gombrich lo explica con tres o cuatro ejemplos donde se anudan todas las aspiraciones del periodo anterior y las invenciones del nuevo. La verdad es que no entiendo por qué el ministerio de educación no saca una ley que obligue a cambiar todos los manuales de bachillerato por este.
No soy un forofo de Ortega, o sea, de lo que he leído de Ortega. Por su forma de escribir da la sensación de que no le sentó bien lo de ser un intelectual tan reconocido, lo de ser la avanzadilla en un país que estaba tan atrasado. Uno le oye hacer afirmaciones y pontificaciones como un señor al que han llevado pocas veces la contraria. El caso es que leyendo un ensayo que tiene sobre la novela, y que forma parte de “Ideas sobre la novela” encontré una observación muy moderna sobre el género.
De niña 

