Según Guelbenzu, el lector de hoy tiene mal criterio. Sus opiniones literarias no son buenas. También dice que este lector malcriado prefiere la anécdota al sentido. (Parece que Guelbenzu no hubiera leído a Baroja que se limitó a apilar anécdotas).Yo, de momento, defiendo el hedonismo, defiendo a Grisham y a Clancy para todos los que disfruten con ello. No creo en la literatura como obligación o como elevación, sino como un lodo en el que revolcarme. Lo que ocurre es que yo flipo con Clarín y con El viaje a la Alcarria de Cela, y me aburren bastante las series de volúmenes con un mismo protagonista.
- Una de las rémoras de la democrada súbita es que se confunde con harta frecuencia la opinión con el criterio. Opinión tiene cualquiera, pero una opinión que no se funda en un criterio no pasa de ser una inconsecuencia. El criterio se adquiere como se adquiere el conocimiento: por la experiencia y el estudio. En otras palabras: no todas las opiniones son igual de válidas, del mismo modo que el lema “un hombre un voto” sólo vale para votar, no para tener razón.
Hasta cierto punto puedo entender lo que dice: una opinión sobre Dickens puede ser atinada y otra no. En el terreno de la crítica eso es frecuente. Pero en el terreno del gusto ya no tanto. Por ejemplo ¿es más válida mi experiencia de la muerte de un ser querido que la de otro individuo? ¿es más elevado mi enamoramiento que el de mi vecino? Las opiniones, o los criterios, como operaciones intelectuales, pueden ser mejores o peores. Pero la literatura tiene un alto componente de emoción, o de placer, y medir eso me parece poco serio.
En otras palabras, no creo en el mal lector. Como tampoco me creo que la televisión que vemos sea basura, por la sencilla razón de que le gusta a millones de personas. Muchos de esos espectadores dicen, después de largas horas que lo que ven es malo. Imagino a algunos viéndolo a hurtadillas. Un producto que alguien tiene que ver a escondidas jamás puede ser malo. Malo es lo que uno está obligado a decir que le gusta después de horas de sopor aguantándolo; al menos, desde un punto de vista literario, o desde mi punto de vista. O sea desde el punto de vista de lo que Guelbenzu llamaría “un mal lector”.
José María Guelbenzu. La decadencia del lector. EL PAÍS | 06-02-2004
El final de la biografía es literario. Mendoza esta más apasionado con su propia narración de los hecho que con el héroe de sus pesquisas
"A la hora de analizar la obra literaria de Baroja, poco hay que decir, porque los defectos son palmarios y las cualidades, en rigor, se reducen a no tener ninguna, lo que en cierto sentido es un gran mérito."
"De resultas de ello, y por regla general, lo biógrafos de Baroja no sólo dan por válido todo lo que él dice sobre su persona y sus andanzas, sino que tienden a reproducir esos mismos datos en el inconfundible estilo de Baroja. Esto no tendría, ni en el fondo tiene nada de malo si no fuera porque Broja esra un manipulador nato de la realidad, y muy particularmente de su propia imagen."