sábado, 7 de junio de 2008

Fukú

It was believed, even in educated circles, that anyone who plotted against Trujillo would incur a fuku most powerful, down to the seventh generation and beyond. If you even thought a bad thing about Trujillo,yz/a, a hurricane would sweep your family out to sez,fud, a boulder would fall out of a clear sky and squash you, fud, the shrimp you ate today was the cramp that killed you tomorrow. Which explains why everyone who tried to assassinate him always got done, why those dudes who finally did buck him down all died so horrifically. And what about fucking Kennedy? He was the one who green-lighted the assassination of Trujillo in 1961, who ordered the CIA to deliver arms to the Island. Bad move, cap'n. For what Kennedy's intelligence experts failed to tell him was what every single Dominican, from the richest jabao in Mao to the poorest giiey in El Buey, from the oldest anciano sanmacorisano to the littlest carajito in San Francisco, knew: that whoever killed Trujillo, their family would suffer a fuku so dreadful it would make the one that attached itself to the Admiral jojote in comparison. You want a final conclusive answer to the Warren Commission's question, Who killed JFK? Let me, your humble Watcher, reveal once and for all the God's Honest Truth: It wasn't the mob or LBJ or the ghost of Marilyn Fucking Monroe. It wasn't aliens or the KGB or a lone gunman. It wasn't the Hunt Brothers of Texas or Lee Harvey or the Trilateral Commission. It was Trujillo; it was the fuku. Where in conazo do you think the so-called Curse of the Kennedys comes from?2 How about Vietnam? Why do you think the greatest power in the world lost its first war to a Third World country like Vietnam? I mean, Negro, please. It might interest you that just as the U.S. was ramping up its involvement in Vietnam, LBJ launched an illegal invasion of the Dominican Republic (April 28, 1965). (Santo Domingo was Iraq before Iraq was Iraq.) A smashing military success for the U.S., and many of the same units and intelligence teams that took part in the "democratization" of Santo Domingo were immediately shipped off to Saigon. What do you think these soldiers, technicians, and spooks carried with them, in their rucks, in their suitcases, in their shirt pockets, on the hair inside their nostrils, caked up around their shoes? Just a little gift from my people to America, a small repayment for an unjust war. That's right, folks. Fuku.

The brief and wondrous life of Oscar Wao. Junot Díaz. La novela ganó el Pulizer de 2008.

sábado, 24 de mayo de 2008

Rulfo

Si nos creemos lo que dicen los manuales, la literatura es un desfile de modelos donde concursan señores con diseños, adjetivos y perífrasis que el resto de los mortales no somos capaces de usar. En una historia de las letras de manual, Rulfo vendría a ser algo así como el feo achaparrado. No he descubierto en sus cuentos ni una sola violencia estética, ni un solo regalo para los oídos.

En todas las historias, el héroe aplasta en su camino a unos cuantos donnadies insignificantes que están allí para molestarlo. En los cuentos de Rulfo, esos donnadies son los protagonistas. En los cuentos de Rulfo no hay héroes valientes, el único acto de valor es el que hace el narrador, el de contar la historia de los perdedores hasta el final.

Si las historias de Rulfo vinieran acompañadas de una larga explicación, moraleja y exordio, igual que todas esas amables presentaciones power point que recibo en mi correo cada día, lo más probable es que me rebelara contra las explicaciones. Pero no hay en Rulfo ni una sola acusación. Rulfo muestra a la víctima, el dolor, la herida, la miseria. Tras una inundación, muestra al político. Pero no sabemos quien tiene la culpa de qué. Y precisamente por eso, porque él no nos va a intentar convencer de quien es, es mucho más probable que acabemos pensando como él.

domingo, 18 de mayo de 2008

Los 100 autores del canon de Bloom

100 grandes autores.

Dante Alighieri
Jane Austen
Isaac Bábel
Honoré de Balzac
Charles Baudelaire
Samuel Beckett
William Blake
Jorge Luis Borges
James Boswell
Charlotte Brontë
Emily Jane Brontë
Robert Browning
Italo Calvino
Alejo Carpentier
Lewis Carroll
Willa Cather
Paul Celan
Luis Cernuda
Miguel de Cervantes
Hart Crane
Geoffrey Chaucer
Anton Chéjov
Charles Dickens
Emily Dickinson
John Donne
Fiodor Dostoievski
José María E a de Queiroz
George Eliot
T. S. Eliot
Ralph Ellison
El Yavista
Ralph Waldo Emerson
William Faulkner
F. Scott Fitzgerald
Gustave Flaubert
Sigmund Freud
Robert Frost
Federico García Lorca
Johann Wolfgang von Goethe
Nathaniel Hawthorne
Ernest Hemingway
Hugo von Hofmannsthal
Homero
Víctor Hugo
Henrik Ibsen
Henry James
Samuel Johnson
James Joyce
Franz Kafka
John Keats
Soren Kierkegaard
D. H. Lawrence
Giacomo Leopardi
Lucrecio
Joaquim Machado de Assis
Mahoma
Thomas Mann
Herman Melville
John Milton
Molière
Michel de Montaigne
Eugenio Montale
Dama Murasaki
Iris Murdoch
Gérard de Nerval
Friedrich Nietzsche
Flannery O'Connor
Walter Pater
Octavio Paz
Fernando Pessoa
Alexander Pope
Luigi Pirandello
Platón
Marcel Proust
Rainer Marie Rilke
Arthur Rimbaud
Christina Rossetti
Dante Gabriel Rossetti
San Agustín
San Pablo
William Shakespeare
Percy Bysshe Shelley
Sócrates
Stendhal
Wallace Stevens
Jonathan Swift
Algernon Charles Swinburne
Alfred Tennyson
León Tolstoi
Mark Twain
Paul Valéry
Luis Vaz de Camões
Virgilio
Edith Wharton
Walt Whitman
Oscar Wilde
Tennessee Williams
Virginia Woolf
William Wordsworth
William Butler Yeats

lunes, 19 de septiembre de 2005

La constante macabra

El profesor francés André Antibi (Argelia, 1944) ha descrito en su libro "La Constante macabra" (El Rompecabezas), de gran éxito en Francia, una tendencia que se da en algunos países, España entre ellos, por la cual algunos profesores evalúan a sus alumnos equilibrando inconscientemente los porcentajes de notas buenas, malas y regulares, algo que penaliza inmerecidamente a los chicos que van peor en clase. "Ocurre por la presión social, no está bien visto que un profesor ponga a todos los alumnos buenas notas". Por eso los exámenes son más difíciles o tienden a evaluarse con más dureza.

El País, 19 de septiembre.

viernes, 15 de julio de 2005

Comer bien

He descubierto que la cadena de restaurantes Fresc Co está abriendo cada vez más restaurantes en Madrid. No sé si conocerán alguno pero se lo recomiendo. Sirven un buffet de primeros que consiste en una buena variedad de verduras y pasta y una opción de segundos bastante menos apetecible. No está pensado para los amantes de la carne y el pescado, y además tiene que cuadrar las cuentas con un precio de 7,70 euros. Pero se puede repetir cuantas veces se quiera. Uno tiene que hacer de cocinero, eligiendo condimentos y cantidades. Mirando el plato de delante y el de detrás uno se hace idea de cuales son las debilidades ajenas. También de cuales son sus obsesiones, como los platos llenos de verde para adelgazar. Creo que si trabajara en ese restaurante disfrutaría viendo lo que elige cada cliente.

Una buena pregunta sería ¿quién elige mejor? ¿Cuál es la mejor dieta para aguantar el día o vivir más? Son dudas importantes y debería haber más literatura sobre esos temas. Hace poco me leí “Saber comer para vivir más” de Eugenio Del Toma, un libro muy corto que publicó Alianza en el 99. Y francamente, no lo recomiendo. El mundo de la nutrición se parece al de la teología en tiempos del Lazarillo. Cada cual saca sus latines y quiere vender sus bulas al primer tonto que se le ponga a tiro. El mundo de la alimentación no tiene nada que ver con cualquier otra rama científica donde uno puede avanzar con paso firme. Todo son opiniones y refranes, todo consejos y sabiduría casera. Cuanto menos seria es una rama de conocimiento más literaria es la forma de hablar de ella.

Un ejemplo de la poca seriedad en que se mueven los dietistas es la mantequilla. Durante años se recomendó que se sustituyera por la margarina, hasta que se descubrió que esta era muchísimo peor para el corazón. Consciente de ello, Del Toma no prohíbe nada ni aconseja nada, casi hace literatura con cada alimento de modo que difícilmente el libro sirve para elegir un menú en el Fres Co. Sirve, acaso, para entretenerse leyendo sobre un tema, discutiendo sobre un tema y no sacando nada claro. Como todo en la vida.

Pizza margarita para una magnifica comida rapida
No hay duda de que la pizza napolitana es el prototipo italiano de la comida rápida. Su éxito, favorecido obviamente por el placer que proporciona comerla y por lo genuino de sus ingredientes básicos, se debe a múltiples razones, entre ellas lo practica que resulta, ventaja no secundaria en la vida moderna, que, sobre todo en las grandes metrópolis, obliga a consumir comidas rápidas y de un solo plato. Todo ello con el parcial benepIácito de los dietólogos, que no tendrían nada que decir sobre la pizza, ni siquiera en el caso de esos ancianos que no tienen justificaciones de prisa o de trabajo, si las relaciones entre nutrientes y la cantidad y calidad de los ingredientes fueran siempre las de la clásica "pizza margarita" con tomate y mozzarella. Efectivamente, lo que puede plantear problemas desde el punto de vista dietético es la exagerada fantasía de los cocineros, que ya no se limitan al primitivo plato de la cocina napolitana, en la que agua, harina, levadura, tomate, ajo y aceite, sin siquiera mozzarella, eran los ingredientes básicos. Hoy a la pizza se le añaden champiñones, anchoas, jamón, salchichón, mejillones, cebollas y embutidos en una destacada variedad de combinaciones todas ellas gastronómicamente válidas, pero cuya digestibilidad ningún dietólogo puede predecir, ni cuyo valor energético puede contabilizar por la continua variación de los ingredientes y de las cantidades utilizadas.
Con la premisa de un mejor conocimiento del valor nutritivo "medio" de una pizza, cualquier medico podrá tranquilamente aconsejarla como alternativa a otros platos, sin comprometer aquellas relaciones entre hidratos de carbono, proteínas y grasas ya reconocidas por la ciencia de la alimentación como base de cualquier dieta equilibrada y racional. Sólo conociendo mejor la cantidad de los ingredientes, los nutricionistas podrán formular razonables consensos o rechazos acerca de las porciones y de la frecuencia con la que debamos visitar las pizzerias.
A la espera de una estandarización, probablemente imposible, de los diversos ingredientes de la pizza, como referencia fiable existen los datos publicados por organismos oficiales, que atribuyen a la "pizza con tomate y mozzarella" los siguientes valores, para una confecci6n de 100 gramos, la que se le puede pedir a un vendedor de "pizza al corte": proteinas 5,6 gramos; grasas, 5,6 gramos; hidratos de carbono, 52,9 gramos; kilocalorias, 271.
Si esta fuese la cantidad media servida a los clientes en la mas tradicional pizza redonda, se podria ensalzar a la pizza no sólo por la corrección de las relaciones entre cada uno de sus nutrientes, sino todavía mas por la modestia del aporte calórico global, que podría reafirmar la plena legitimidad de la opción también para todos aquellos que deben seleccionar sus decisiones alimenticias debido a la obesidad o se ven obligados a reducir las grasas en su dieta. En concreto, sin embargo, es muy frecuente que las pizzerias o los restaurantes, tanto italianos como extranjeros, sirvan una pizza margarita de unos 210 gramos de peso (despues de la cocción): 11,8 gramos de proteínas, 11,8 gramos de grasas y 111 gramos de hidratos de carbono por un total de 570 kilocalorias.


Eugenio Del Toma. Saber comer para vivir más.

domingo, 12 de junio de 2005

La cultura como resentimiento

Decía Lucía Etxebarría en una entrevista de televisión que ella escribía porque era neurótica y desgraciada. Si fuera feliz, seguía diciendo, no se dedicaría a escribir, sino a vivir la vida.

Sócrates y Jesús no escribieron nada. De sus discípulos nos quedan los textos de los evangelistas, los diálogos de Platón, la semblanza de Jenofonte. Quizá los que escribieron no fueron los que mejor les entendieron, sino los más desgraciados. Quien sabe.

Los escritores que ocupan nuestros mayores altares no fueron los más felices. Si los conociéramos en persona me pregunto cuantos acabarían confesándonos, igual que Lucía Etxebarría, que en el fondo eran unos desgraciados y que su verdadero sueño hubiera sido pasar por la historia sin ser conocidos, tener una recua de hijos traviesos y morirse en paz.

Pienso en poetas inmortales como Quevedo o Petrarca, o el autor de los sonetos de Shakespeare. Los grandes poemas van dedicados al amor imposible, el amor satisfecho no necesita altavoces.

Y llego a uno de los autores más insatisfechos y más aclamados de nuestro país, Valle-Inclán. Sus Comedias Bárbaras sus “Luces de Bohemia” están llenas de insultos que no parecen justificados por la acción, como si el autor tuviera la intención de ponerse a gritar cualquiera que fuera la excusa.

En estas obras de Valle aparece un protagonista mal pagado y aparece, también, un botín, una herencia, un premio de la lotería que sin saber explicarlo siempre me parece un elemento obsceno. Es como si el autor utilizara el botín para restituir en la ficción todos los desarreglos de la realidad. Como si el autor rehiciera el mundo a su gusto a golpe de talonario. Cualquier persona que sale de una oficina de lotería con su boleto puede crear en su cabeza, en el breve trayecto a casa, una obra de Valle.

El elemento del botín en la literatura siempre me parece un poco obsceno porque me devuelve de un bofetón a la queja de Lucía Etxebarría. “Escribimos porque no somos felices”. ¿Hubiera escrito Valle sus Comedias Bárbaras si el estado le hubiera concedido una asignación generosísima acorde con su supuesto talento? ¿Se hubieran escrito todas esas novelas negras llenas de corrupciones y traidores si cada personaje hubiera recibido una generosa pensión del estado sueco para vivir sin preocupaciones? ¿Hubiera escrito Quevedo sus versos de amor si ella se hubiera metido en su alcoba?