miércoles, 13 de agosto de 2014

Fantasía aumentada

Los capítulos XI al XIII del Quijote componen una novela dentro de otra novela. Unos cabreros enamorados de una joven del pueblo dan la excusa para poemas de amor y temas pastoriles.

A mi me hablan de un vivero inagotable de la fantasía, hablo del otro, de ese otro que no conocemos y, a veces, nos da miedo. En las películas de fantasmas, ese otro era el fantasma, en las de extraterrestres era el alienígena.

En la historia de fantasmas el fantasma era una aparición, un algo externo, una amenaza. Oscar Wilde dio un paso hacia el fantasma haciéndolo simpático, haciendo que expresara una subjetividad. Cuando lo conocemos ya no podemos tener miedo. Un paso más lo da Shyamalan en El Sexto Sentido cuando el fantasma es el protagonista, y cuando ya nos hemos identificado con ese fantasma.

Es lo mismo con el extraterrestre temido. En ET de Spielberg sigue siendo el otro, pero ya despierta nuestra simpatía. Cuando la nave nodriza parte, nos alegramos de que Eliot se quede. Los marcianos en su planeta y nosotros en el nuestro. Avatar, en cambio, es la historia de una alienación. Cuando acaba, Cameron ha conseguido que nos identifiquemos de tal modo con el na'vi que queremos que Sully sea uno de ellos. Y la conversión es un momento de euforia consegudo.

Ocupar el espacio fantástico de esos otros es un vivero para la creación. Conocerlos, identificarnos... he mencionado los cuatro capítulos del Quijote que componen una novela pastoril porque son expresión de ese mismo afán. En ellos, Cervantes habla de una pastora cuya hermosura desarma a todos los cabreros de las inmediaciones y a uno de ellos, Grisóstomo, al suicidio. Cervantes quiere acercarse al verso de amor escuchando al otro, a la amada que nunca tiene palabra y solo es objeto y anhelo. Cervantes hace hablar a Marcela y explicar que ella no da pávulo a los amores de los pastores ni lo dio al difunto, y que sentir amor por la belleza no puede ser un yugo para la belleza. Esa defensa y ese acto de libertad la convierten en un individuo completo, en una creación suprema. Marcela es un ejemplo de como aumentar la fantasía identificándote con ese otro.

sábado, 2 de agosto de 2014

Desigualdad

Una noche de verano, sentado en terrazas, parecía más fértil que muchas de invierno encerrado en casa. Discutiendo con A. le dije que la única diferencia entre él y yo era la desigualdad. Para él las personas no eran iguales. Él se lo tomó como una crítica, yo lo formulé más bien como una descripción. Los amantes de la diferencia disfrutan hablando del otro con cierto orgullo, los amantes de la igualdad lo hacen con humor, pero cada uno, a su manera, tiene su risa de placer.

Por la mañana, el sábado se despertó fresco. Me vino a la cabeza la conversación y también la de mi anfitrión americano que llamaba a Canadá su jardín. El jardín de América. Cuando hizo esa analogía con la casa yo me imaginé el resto de las dependencias y pensé que parte era España. ¿Eramos el retrete? pensé con desconfianza. Pero en realidad no hacía falta, ellos ya habían puesto un nombre al mundo hispano, el patio trasero era un término que resumía todo.

Cada país se confecciona su identidad a partir de sus conflictos. La española viene de una guerra civil, luchar contra uno mismo nos hace complejos, pero la americana es muy clara, ellos son los que derrotaron el nazismo y salvaron a los judíos del holocausto. El nazismo quiso convertir el mundo en una pirámide de estratos y razas con la aria en la cúspide, y los americanos nos salvaron de un mundo atroz.

Antes de volver a casa pensé que menudos salvadores al fin y al cabo. Porque habíamos vuelto a la misma pirámide pero con nombres de habitaciones. Si el mundo iba a ser gobernado de esta manera, daba igual que ganaran ellos o que hubieran ganado los otros. Pensé que quizá, solo quizá, el igualitarismo era una forma de llamar a las cosas, pero que al fin y al cabo, un patio trasero, siempre sería un patio trasero.

domingo, 16 de marzo de 2014

Dejar sin leer la moraleja


Platero y Yo

Capítulo ciento veinticinco. La fábula 

Desde niño, Platero, tuve un horror instintivo al apólogo, como a la iglesia, a la Guardia Civil, a los toreros y al acordeón. Los pobres animales, a fuerza de hablar tonterías por boca de los fabulistas, me parecían tan odiosos como en el silencio de las vitrinas hediondas de la clase de Historia Natural. Cada palabra que decían, digo, que decía un señor acatarrado, rasposo y amarillo, me parecía un ojo de cristal, Un alambre de ala, un soporte de rama falsa. Luego, cuando vi en los circos de Huelva y de Sevilla animales amaestrados, la fábula, que había quedado, como las planas y los premios, en el olvido de la escuela dejada, volvió a surgir como una pesadilla desagradable de mi adolescencia.

Hombre ya, Platero, un fabulista, Jean de La Fontaine, de quien tú me has oído tanto hablar y repetir, me reconcilió con los animales palantes; y un verso suyo, a veces, me parecía voz verdadera del grajo, de la paloma o de la cabra. Pero siempre dejaba sin leer la moraleja, ese rabo seco, esa ceniza, esa pluma caída del final.

Claro está, Platero, que tú no eres un burro en el sentido vulgar de la palabra, ni con arreglo a la definición del Diccionario de la Academia Española. Lo eres, sí, como yo lo sé y lo entiendo. Tú tienes tu idioma y no el mío, como no tengo yo el de la rosa ni ésta el del ruiseñor. Así, no temas que vaya yo nunca, como has podido pensar entre mis libros, a hacerte héroe charlatán de una fabulilla, trenzando tu expresión sonora con la de la zorra o el jilguero, para luego deducir, en letra cursiva, la moral fría y vana del apólogo. No, Platero...

Juan Ramón Jiménez

El utilitarismo y la ficción

Una madre sufre porque ha perdido a su hija y un hombre que lo ve se frota las manos, y no puede evitar dejar ver la alegría por entre las comisuras de sus labios.

La escena es válida para cualquier farsa caricaturesca de villanos. El malvado se alegra del dolor ajeno. ¿Pero es posible una escena como esta en el mundo real? Lo preguntaré más directamente. ¿Nadie ha sido víctima de una escena parecida?

Cuando uno está en un mal momento le sugiero que mire a su alrededor. Puede descubrir una comisura de labios difícil de creer. Hay gente cerca que ve como un triunfo la ruina de otro, y no siempre del enemigo. Y hay algo mucho peor que esa sonrisa. Si pudiéramos medir con un aparato nuestras alegrías más íntimas quizá nos avergonzara la emoción que ha producido muchos de los descalabros de nuestros vecinos.

La cuestión es ¿somos malos? Todo el mundo levantara la mano para decir que no porque piensa en el mal cometido de modo activo. Pero la maldad pasiva, la maldad de alegrarse del mal ajeno es casi peor en algunos casos.

Hoy me preguntaba un amigo sobre como iba con mis alumnos y le respondí vagamente. De alguna manera no me sorprendió el giro de la conversación ¿Y no te parece que habría menos problemas si no tuvieran tantos derechos? Me di cuenta que mi experiencia de esta semana con mis alumnos importaba menos que su utilidad como un ladrillo para construir una tesis. Los españoles habíamos ido demasiado lejos con las libertades. La conversación siguió sobre una amiga que no estaba demasiado bien en su país. La culpa, era de las leyes de ese país que él conocía, y del gobierno.

Entonces me di cuenta de una verdad sombría. Si el sistema educativo hubiera mejorado con las libertades y Latinoamérica fuera cada vez más próspera con los gobiernos que tiene, mi amigo no se alegraría. Pensé que una desgracia ajena puede ser una fuente de alegría si avala nuestras tesis. Te va mal porque no sigues mi consejo.

Es posible que todas las fábulas y todas las historias con moraleja traten de guiar a la gente en el caos que son las decisiones que hay que tomar en un mundo complejo. Pero también es cierto que la literatura que trata de aconsejar, la moralizadora, la útil, la que sirve al lector corre el serio peligro de ser perversa. La muerte de la cigarra conlleva una alegría y una distancia: tiene lo que se merecía.

No hay porque proscribir el látigo de la risa. Muchos sacarán provecho y lecciones siendo fustigados con él. Pero creo que hay una parcela inmaculada en el mundo de la ficción y del mito, la creación y las historias profundas de toda la vida que muchos percibimos de un modo casi indecible. Es una parcela donde el restallar de la razón, de la verdad utilitaria, del castigo y la recompensa burguesa suena como una obscenidad, como un sacrilegio. Es la parcela del arte.

jueves, 30 de enero de 2014

Alardes. Strathern

Me cuesta escribir desde hace años. A veces copio cosas como la carta del soldado, a veces estallo en alguna invectiva. Pero escribir es mantener una línea de pensamiento que te lleva a algún lado. Los años de cine me resultaron provechosos, y no he vuelto a recuperar ese ritmo.

Estoy rodeado de personas que escriben y no me gusta el ambiente. A veces pienso que no escriben, pienso que juegan a la lotería y sueñan con un jackpot que les retire; una línea que les de la fama, un poema, un verso. Analizando una novela de Joseph Roth, un compañero comentó que era injusto que el personaje tuviera que trabajar si tenía cultura, la observación resume bastante bien lo que quiero decir. Otros escriben de un modo parecido a como el pavo real extiende su cola. Palabras, palabros, florituras, planos de cine difíciles. La cultura como un desfile de modelos, un conteo de expresiones raras, un alarde de habilidades, una competición en cualquier asignatura artística, me invita a todo menos a quedarme. Quizá por eso busco perdedores en el cine y en la televisión. Me gusta pensar que mis ídolos no hicieron bien la tarea, y que llegaron a ese otro lugar donde quiero que me lleven. No sabría bien definirlo, pero es el lugar donde te lleva un amigo.

Hace años que rechazo casi todos los elogios y me doy cuenta de que no es porque no me los creo. Los odio porque me colocan en una competición en la que no quise apuntarme. La cultura, o el saber de un tema debería ser otra cosa, si quiere seguir teniendo connotaciones positivas.

Llevo desde navidad repasando una colección de Strathern sobre filósofos en 90 minutos. Preferiría más profundidad filosófica y menos anécdota biográfica pero son buenos de aperitivo y la mayoría están salpicados de humor. Hoy me empecé en el metro el de Marx.

“Earlier materialists tended to view sensation and perception in passive terms. (...) For Marx, on the other hand, such perception was an interaction between us, the subject, and the material object. (...) “The question of whether objective truth can be attributed to human thought has nothing to do with theory, it is a purely practical question. The truth is the reality and power of thought, which can only be demonstrated in practice.” This leads Marx to his famous conclusion: “Philosophy have previously only interpreted the world, but the real task is to change it.”