lunes, 15 de marzo de 2004

Mentiras y mentiras



Hay grandes novelas que son apologías de la mentira. Piensen en “Lo que el viento se llevó”. Ashley Wilks es bueno porque deja que Scarlett sueñe que es correspondida aunque no lo es. Miente. Rett es malo cuando advierte al sur de que va a perder la guerra, y se vuelve bueno cuando lucha por el sueño de los perdedores, por la mentira. Cuando muere la hija, su amor llega al extremo de que no puede admitirlo y no deja que nadie la entierre porque la niña no soporta la oscuridad. Los buenos son los que sueñan, no los que dicen la verdad. Tampoco Don Quijote nos cae mal cuando cree que los molinos son gigantes o que él puede desfacer entuertos. Casi preferimos su mentira a la verdad. Y vengo a decir lo mismo del protagonista de “Big Fish” de quien importa más lo que sueña que sus datos biográficos.

Hay mentiras hermosas, mentiras necesarias. Pero también hay mentiras abominables, y mentiras inoporturnas. El partido popular sufrió un descalabro electoral ayer cuando estaba a punto de ganar la mayoría absoluta por culpa de sus mentiras; porque todas las mentiras no son iguales.

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