jueves, 12 de noviembre de 2009

James Wood

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Nadie negaría que escribir de esta manera se ha convertido en una especie de reglamento invisible, de modo que ya no notamos su artificialidad. Uno de los motivos para ello es económico. El realismo comercial ha acaparado el mercado, se ha convertido en la marca más potente de la ficción. Debemos esperar que esta marca se reproduzca económicamente, una y otra vez. Por eso la queja de que el realismo no es más que una gramática o conjunto de normas que oscurecen la vida es una descripción mejor para le Carré o para P. D. James que para Flaubert o para George Eliot o Isherwood: cuando un estilo se descompone, se aplana y se convierte en un género, entonces en realidad se convierte en una serie de gestos y técnicas que suelen carecer de vida. La eficiencia del género del thriller toma todo lo que necesita de Flaubert o de Isherwood, mucho más eficientes, y elimina lo que hizo verdaderamente vivos a esos escritores. Y, por supuesto, el género más privilegiado económicamente de ese tipo de «realismo» que carece casi de vida es el cine comercial, a través del cual la mayoría de la gente hoy en día recibe su idea de lo que constituye una narración «realista».

James Wood: "Los mecanismos de la ficción"

1 comentario:

manuespada dijo...

¡Qué bueno! Y qué cierto, cuando algo fresco se convierte en género o en técnica se transforma en una máquina de hacer churros y al final todos acaban escribiendo igual. Un aburrimiento de clones que se imitan entre ellos.