miércoles, 12 de mayo de 2010

Mr Darcy

Darcy no es responsable del humor y el encanto imperecederos de la novela, pero sí de su reiterada y arrolladura capacidad para conmover. Elizabeth desecha sus prejuicios sin dificultad: todo lo que necesita es que le expongan claramente los hechos. En cambio, que Darcy pierda su orgullo exige un cambio radical, la diferencia entre su primera declaración amorosa («En vano he luchado») y la segunda («Eres demasiado generosa para jugar conmigo»). Arreglar el asunto de Lydia, además de costarle algún dinero, ha obligado a Darcy a bajar de su pedestal y verse envuelto en el caos que forman los miedos y los deseos desenfrenados, una zona en la que Jane Austen tiene miedo de perderse, aunque sólo sea con la imaginación. El capítulo final nos muestra el extraordinario espectáculo de ver que Darcy ofrece su mansión, y sus brazos abiertos, a los tíos de Elizabeth, que son comerciantes. Darcy, escribe Jane Austen, «llegó a cogerles verdadero afecto». Ésta es la mayor y más romántica extravagancia en toda la obra de la escritora: que un hombre como el señor Darcy pierda su orgullo, adquiera una nueva profundidad espiritual y se democratice gracias al amor.

Martín Amis. Atlantic Monthly, febrero de 1990. “La guerra contra el cliché”.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Aurora Boreal

Prefiero que los detectives no tengan el mismo hilo de pensamiento que sus narradores. Me gusta que no se encuentren al final, porque todos sabemos que son la misma persona. Me gusta que uno se sorprenda del otro. El redactor de nuestras vidas es siempre menos agradecido que el redactor de las novelas que leemos. Prefiero adivinar el final por razones lógicas, no psicológicas. De lo contrario sé que el narrador mira en una dirección porque ahí ha escondido al criminal.

Estoy intentándolo con la novela negra. Me gustan los pequeños relatos que hilvanan el relato mayor de "Aurora Boreal". La historia es la de un pastor sueco que es asesinado de un modo ceremonial. Le cortan las manos y le sacan los ojos después de muerto. Pero son los pequeños relatos sobre su amiga, las niñas, y los hombres, siempre accesorios, que aparecen, los que realmente me intrigan.

Asa Larsson. "Aurora Boreal".

miércoles, 28 de abril de 2010

El interés

Los estilos difíciles, los enigmas y los líos de tiempo y conciencia presuponen un interés incondicional del lector por cada una de las pistas. Puede que exista ese tipo de lector que recompone con escrúpulo el relato que el autor ha desordenado. Pero estoy seguro de que la mayoría lee como yo.

El protagonista de la novela trabaja de ayudante de un detective privado. Cuando su jefe deja la profesión él se propone resolver un caso personal: descubrir su propio pasado y su identidad que ha perdido por una oportuna amnesia hace más de diez años.

Su investigación le lleva por calles de Paris, fiestas de sociedad y recuerdos de la guerra.

Patrick Modiano. Calle de las tiendas oscuras. Mondadori.
Guía de Letras |El Cultural | Revista de Letras | Falsa memoria | El placer de la lectura | Supay libros | Artes hoy | La librería de Javier | El mundo de Kowalski | Farrapos de gaita

lunes, 26 de abril de 2010

El retrato de la Señora de Charbuque

Un pintor es contratado para pintar un cuadro de una señora que no conoce. El encargo resulta extraño, pero no sugerente.

En el Nueva York de la época mueren mujeres pero la sucesión parece indiferente.

El pintor busca pistas sobre la modelo que no ve. El encargo parece llevarle la vida. Pero sentimos que no es para tanto.

El relato de Ford tiene la sensación de esas pesadillas donde todo está desplazado. La muerte de un ser querido nos hace reir y un pequeño hilo de un botón nos llena de pesadumbre.

Hay algo de pesadilla en la novela, o de mal relato. Difícil recordar una narración más ajena a la vida. Ford debería pasar por una experiencia un poco emotiva como un diagnóstico de cáncer que superara con felicidad, para darse cuenta de qué cosas importan y que cosas son cuento chino.

"El retrato de la señora Charbuque". Jeffrey Ford. Ed. La factoría de ideas.
SagaComic |

domingo, 7 de marzo de 2010

Kiev



A Irina le hizo una ilusión enorme comprar la capital del su país. Si hubiera caído en Montreal, en la casilla más cara del tablero, no se habría puesto ni la mitad de contenta.

—Vaya mierda, Kiev —dijo Javi—. La ciudad más cutre de Europa.

Javi no desaprovechaba ninguna oportunidad para rebajar a su novia.

— Parecía que estabas en España hace treinta años. En mi vida he comido una carne más rancia.

Irina nunca respondía cuando Javi se ponía así. Seguía jugando sin decir nada.

Detrás de ella tiró Pedro, y compró Nueva York.

—La ciudad de C.C. Baxter. El ídolo de Alberto —dijo mientras pagaba—. ¿Sabéis que se ha visto “El apartamento” más de veinte veces?

Era mi película favorita, la película que me llevaría a una isla desierta.

—Siempre que me resfrío me acuerdo de Baxter —dije—, sentado en Central Park.

—Podemos hacer una cosa, Irina —dijo Pedro— a mi me falta Londres para completar las rojas y a ti Estambul para completar las fucsia. ¿Hacemos un trueque?

—Ni se te ocurra —dije yo—. Tiene ocho millones. Nos pone un hotel en cada calle. Pídele seis millones, por lo menos.

—Dame seis —dijo Irina como una niña buena, con su acento ucraniano.

—Cuatro —dijo Pedro.

—Yo creo que podéis llegar a un acuerdo —medié.

Y se pusieron de acuerdo en cinco. Irina cobró y compró casas. Daba alegría verla tan ufana poniendo casitas verdes en Kiev ordenadas en una hilera perfecta.

Al cabo de dos vueltas ya tenía unos hoteles rojos imponentes que eran la únicas construcciones en todo el tablero.

Javi sacó dos dobles y aterrizó justo en Kiev. Irina le extendió la mano con coquetería para cobrar los siete millones y medio que costaba el alquiler. Pero no parecía darle importancia al lado economico.

—Bueno, Javi —le dijimos Pedro y yo— para ser la ciudad más cutre de Europa tiene buenos hoteles.

—Jacuzzi en cada habitación —siguió pitorreándose Pedro—. Eso se paga ¡Eh!

—Iros a la mierda —dijo él sin querer entender la broma—. Este juego es una parida. Yo ya estoy cansado. Me voy a casa.

Tiró el dinero que le quedaba, apenas unos cientos, y se levantó. Le hizo un gesto a Irina para que se fuera con él, pero ella no hizo caso.

—Voy a quedarme a acabar la partida.

—Espera que te acompaño a la puerta —dije yo—. Me han cambiado el interruptor del portal y no vas a encontrarlo.

—¿Esperamos a que vuelvas? —dijo Pedro.

—Da igual. Juega por mi. Tú mueve las fichas como si fueras tú —dije. Entonces me vino a la cabeza una burla—. O sea, hipotécate hasta las cejas y cásate sin separación de bienes con una piba que te deje en la calle.

Pedro me hizo un corte de mangas por la alusión a su divorcio con Clara y a su hipoteca subprime. Lo dejé insultándome en voz alta mientras cerraba la puerta y salía con Javi.

—¿Me he hecho rico? —Pregunté a la vuelta.

—Más bien no.

Irina tardó casi una hora en dejarnos a los dos sin blanca. A mí me encantaba verla tan contenta cada vez que compraba una ciudad nueva. Pero el dinero que ganaba le daba igual. No hacía negocio, veía las ciudades como ensoñaciones o como recuerdos de su paso por ellas.

—Son más de las doce —dijo Pedro—. Ha sido un placer arruinarme contigo, Irina, pero mañana madrugo. No me acompañes, Alberto. Yo sí sé como se abre el portal.

Irina me ayudó a recoger un poco.

—¿Vas a llamarle? —le dije.

—No. ¿Quieres otra partida?

Llevé el último vaso a la cocina y me senté junto a ella, que estaba ordenando con esmero los billetes en tacos del mismo valor.

—Irina. Yo... No sé como decírtelo, pero, la verdad es que siempre me has gustado.

Ella seguía colocando billetes sin mirarme. Cuando tuvo todos los montones ordenados me dio un cubilete y me sonrió:

—Tira los dados.

martes, 5 de enero de 2010

The Economist esta semana

Taser diversifies its arsenal | Proto-RoboCop: The iconic maker of stun-guns aims to take policing into cyberspace.
YOU know you have made it when the name of your firm mutates into a verb, as with Google and Hoover. A recent addition to this select group is Taser International. To be "tasered" is to be briefly paralysed by an electrically charged dart fired from one of the firm’s stun guns, usually by police seeking to pacify someone without resort to firearms.

Schumpeter | Womenomics: Feminist management theorists are flirting with some dangerous arguments.
The recent financial crisis proved that the sort of qualities that men pride themselves on, such as risk-taking and bare-knuckle competition, can lead to disaster. Lehman Brothers would never have happened if it had been Lehman Sisters