domingo, 15 de noviembre de 2020

La economía oculta de una fiesta VIP

The Economist.com

Un millonario con diez chicas exhiben su alegría en Instagram y en revistas de papel couché; gasta 2000 dólares en una noche. Es una nueva élite que ha nacido de la desregulación del sector financiero.

Los oligarcas de los hedge-funds, los inversores de Silicon Valey se esparcen por el planeta en locales de fama, de St Tropez a Miami.

Mucha gente no sabe que esas fiestas locas están preparadas minuciosamente. Yo estuve en ellas de 2010 a 2014 porque antes de socióloga era modelo. Se dieran cuenta o no , las actrices de esta vida participaban en un teatro que creaba valor para ciertos hombres, los promotores de los clubes, y los que querían establecer una red de contactos. El interés para las mujeres es más difícil de precisar.

Dre era un promotor. Su talento era traer modelos, en su mejor momento, 5 cada noche. Él sabía hablar a las chicas. Yo pasé tiempo con Dre y aprendí la economía de sus esquemas que él llevaba tan bien. Él era como un chulo. Puede que alguno de los clientes tuviera sexo con las chicas, pero no lo vi. La idea de llevar modelos exuberantes era hacer que los clientes gastaran dinero. Los locales llegaban a cobrar 1000 veces el precio del alcohol. Los clientes pagan para no tener que llevar las chicas. Pagaban por la ilusión de la espontaneidad.

Dre tenía talento. Un dueño le pagaba 1000$ la noche por llenar el local con chicas. Se sentaba como si pasara de todo pero miraba como un halcón. Conocía a todos los millonarios.

Los clubes le daban a Dre un sobresueldo por traer a alguien con ganas de gastar. Su parte era un 10 o 20%. No era dinero fácil. Los promotores pagaban a las modelos taxis, comidas y regalos por cientos de dólares al día. En un buen año, Dre hacía $200.000

Los clientes llamaban a Dre cuando querían pasarlo bien. Lo mejor eran las ballenas. Esos estaban ansiosos por gastar un millón en una noche. Jho Low gastaba un millón cada noche que salía.

La mayoría eran banqueros, tecnólogos, que gastaban menos pero pagaban a todos.

Si le preguntas a alguien por qué un millonario gastaba miles de dólares en una noche en alcohol te diría que a los ricos les gusta aparentar. Pero había tabúes, los clientes que entrevisté decían: ridículo, estúpido, derroche y loco a menudo. Para que el teatrillo funcionara hacía falta público. Ahí entraban las modelos. Un promotor me lo explicó. Una modelo es como una farola. Entra en el club y los tíos dicen: este club es la leche, otra botella.

Para conseguir el efecto hacen falta modelos, delgadas, bellas, altas. Las aficionadas pueden hacer de relleno. A diferencia de las camareras que eran voluptuosas y atraían las fantasía sexuales, la modelo representa la versión inalcanzable de la atracción.

Las orgías de gasto no iban dirigidas a impresionar a las modelos. Llegué a la conclusión de que eran para impresionar a otros tíos. Una vez una amiga vio una competición de dos clientes indios por pedir la botella más rara. El estatus es una cosa delicada. Ello hace que los clubes construyan un entorno que la búsqueda de estatus un producto secundario de una noche de diversión. Cada noche es una película.

A diferencia de los promotores y los dueños de los clubes, las chicas no ganaban dinero. Por qué iban? Me llevó meses averiguarlo.

Las propinas eran parte de la respuesta. Sacaban comidas, champagne, y entradas gratuitas.

Algunas modelos venían de países pobres como Chequia o Brasil y no podían pagar el tren de vida.

Uno de los más jugosos pagos era el viaje anual a Miami. Katia la conocí en uno de esos viajes. No se sentía obligada a tener sexo pero lo tenía con los que le gustaban y algún promotor. Ella tenía dinero para pagar sus gastos y salía con hombres modelo. Le parecía bien aquella vida.

La mayoría de las chicas pensaba que seguir a los promotores sería rentable a largo plazo. Un beneficio era la cultura. Acercándote a los círculos de los inversores podías mostrar los buenos rasgos de educación. Reconocían los libros, comida y vinos. Una modelo me contó que había aprendido a usar el tenedor con la izquierda, otra a ponerse menos maquillaje como las chicas de dinero. Le gustaban las conversaciones. No iba a hablar de aventuras financieras en el bar de la esquina.

Las chicas pensaban que tener amigos millonarios se volvería útil. Penny conoció directores de cine.

Pero cuando investigué me di cuenta de que había una adicción para muchas jóvenes. Recibían regalos y halagos de hombres que otras mujeres no podían porque no eran bonitas. “Acabas sintiendo que eres de la élite”, dijo una.

Al principio yo pensé que los promotores eran los villanos, manipulando a las chicas. Pero no se trataba de una relación de explotación. Una razón de que las modelos fueran a los clubes era que los promotores eran muy hábiles haciendo que lo desearan. Dre, por ejemplo era muy fiable y amable.

Dre era africano y aprendió que su acceso a los ricos dependía de sus habilidades sociales. Conocía a famosos y conocía a las chicas que esos hombres poderosos podían desear.

Thibault tenía un método profesional de reclutar chicas de la industria de la moda. Los buenos promotores se trabajaban su relación con las modelos, invitaciones, etc. Para ellas, eran como buenos amigos, familia. También se implicaban con ellas románticamente. Se acostaban con ellas para que no parecieran unos empresarios contratándolas, pero en realidad gestionan su trabajo. Las reclutan, controlan y disciplinan para que no se vayan una noche antes de que acabe la fiesta.

Irónicamente el puesto del promotor y el de la modelo eran parecidos. Igual que ellas, los promotores soñaban con unirse a los ricos, pero no podían conseguir el dinero ni el estatus. Sólo podían aparentar que pertenecían al grupo. Dre buscaba un golpe de suerte en cada salida, cada noche, cada encuentro. Pero nunca llegó a nada.

jueves, 1 de agosto de 2019

The brides of Dracula


Vamos en un carruaje por un bosque de Centroeuropa. Así empiezan las obras de vampiros de la Hammer, un conductor asustado, una chica guapa inocente que viaja sola. Paran en una fonda. Los lugareños no dan ninguna pista, pero están asustados. Podemos intuir que algo malo acecha a la joven.

Aparece la baronesa y la lleva a su castillo. El castillo tiene muros de piedra y una historia ancestral. Toda la familia sufre una maldición y habla del hijo. El hijo encerrado. ¿Por qué está encadenado? Le pide una llave a la joven. ¿Se la dará? El espectador no puede quedarse indiferente en su sillón. ¡No le des la llave! Grita el espectador. Pero la joven libera al monstruo.

Mas tarde, quizá un poco tarde, aparece el salvador. Van Helsing no es un hombre de acción. Es un hombre de ciencia, un doctor, tiene los conocimientos y las consignas.

El vampiro, liberado de las cadenas se cobra su primera víctima en el pueblo. El doctor comprueba que tiene la señal de la mordedura. Sabe cuál es el mal y sabe como atajarlo. Sólo hace falta que todos sigan sus instrucciones.

La institutriz vuelve a la paz de su trabajo. Pero es cortejada por el monstruo. ¿Tendrá las huellas? Van Helsing interrumpe la escena antes de que lleguen a dar un paso más allá. El beso es la perdición, la ruina, el contagio. En un plano figurado, puede que esté hablando de castidad, de sexo. La relación entre transgresión y represión sexual no puede ser más evidente.

La joven asesinada por el vampiro sale de su ataúd y se encara a la institutriz inocente, ¿le morderá? Basta que aparezca Van Helsing para frustrar los planes. Van Helsing no necesita crucifijo ni peleas para hacer huir a los dos bebedores de sangre. Van Helsing es como la autoridad, como el padre que, con su sola presencia, desmantela las asechanzas de los seductores.

Pero el joven vampiro se esconde en un molino. Ya no bastará con la presencia de la autoridad para detener a la panda de secuaces. Sin su crucifijo, Van Helsing no tiene más remedio que acudir a los puños. El mal en su guarida ya no se detiene ante nada ¿Podrá derrotarlo ahora?

martes, 2 de julio de 2019

Fortunata y Jacinta

«En la sociedad madrileña, la más amena del mundo porque ha sabido combinar la cortesía con la confianza, hay algunos Pepes, Manolitos y Pacos que, aun después de haber conquistado la celebridad por diferentes conceptos, continúan nombrados con esta familiaridad democrática que demuestra la llaneza castiza del carácter español. El origen de esto habrá que buscarlo quizá en ternuras domésticas o en hábitos de servidumbre que trascienden sin saber cómo a la vida social. En algunas personas, puede relacionarse el diminutivo con el sino. Hay efectivamente Manueles que nacieron predestinados para ser Manolos toda su vida. Sea lo que quiera, al venturoso hijo de Don Baldomero Santa Cruz y de Doña Bárbara Arnaiz le llamaban Juanito, y Juanito le dicen y le dirán quizá hasta que las canas de él y la muerte de los que le conocieron niño vayan alterando poco a poco la campechana costumbre.»

Benito Pérez Galdós. “Fortunata y Jacinta”. Capítulo 1.

lunes, 1 de julio de 2019

Tardes de invierno

Cuando J estaba en octavo de EGB, don Francisco, un profesor nuevo con bigote, un hombre pequeño con una voz atronadora que traía aire fresco al colegio con vindicaciones de un tal Miguel Hernandez, puso a los alumnos una tarea diferente. Debían hacer un trabajo sobre un poeta del siglo xx.

A falta de unos días para la fecha de entrega, J pidió una semana más. Lacónico y sentencioso, don Francisco respondió sin vacilar y sin equivocarse:

—Tal vez si te hubieras dedicado a hacer tu trabajo en vez de hacer el de los demás, habrías tenido tiempo.

J organizó, seleccionó y resumió el trabajo de Paco Antonio que repetía curso, y el de Amando. Trabajando con los dos compañeros era incapaz de entender por qué no redactaban ellos mismos, y por qué se apuntaban a las tareas menos creativas como copiar letra por letra sin discutir.

—Resumir es decir lo mismo con menos palabras —les decía.

Pero cuando ellos lo intentaban no daban con las frases que podían quitar y con las que eran necesarias.

Para él fue un mes maravilloso. Porque a la soledad de su desván, donde estudiaba en verano y en invierno, venían los dos compañeros de clase y traían cintas de ACDC y de Police. J tenía vinilos de sus hermanos mayores de Cat Stevens y Pink Floyd. Pero, incomprensiblemente para él, aquella música no molaba.

En las tardes de invierno, J pasaba horas con los trabajos de sus compañeros y ellos le hablaban de chicas y de leyendas urbanas. Y por una vez en su vida, J no se sintió infinitamente solo durante las largas tardes del curso.

Todo acaba y cuando Paco Antonio entregó su trabajo no volvió a subir nunca más al desván de J.

—¿Y ya no viene más? —le preguntó Amando.

—No.

—Pues eso no está bien.

Amando tenía un noble sentido de lo que estaba bien y lo que estaba mal e intentó seguir visitando a su “negro” literario. Pero poco a poco los dos fueron liberándolo de la pesada carga que no tenía por qué cumplir. J volvió a quedarse en su desván sintiéndose más vacío que antes. No porque lo viviera como ingratitud, sino porque se sentía así.

—Se han aprovechado de ti —la voz de los adultos resonaba siempre despiadada en su interior.

Y nunca estuvo de acuerdo con aquellas palabras. No se sintió usado. Disfrutó de aquellas tardes con dos amigos que no le prometieron nada. Disfrutó de una alegría infantil, de las bromas de colegas. Casi llegó a captar las ironías y los juegos. Su tragedia fue que aquellos días de felicidad le abrieron una ventana incómoda, le dejaron ver que su vida, tal como él la estaba viviendo era un completo desierto. Por eso las cosas no volvieron a ser iguales. Por eso a veces se estremece y le recorre una sensación de tristeza cuando algo le recuerda aquellos días que fueron felices.

viernes, 16 de noviembre de 2018

GH VIP (i)

Dice Heidegger que la verdad no es una mera unión de un sujeto con un predicado verdadero. Decir que el cielo es azul es una verdad que todos conocemos pero no tiene valor porque no nos revela nada. El valor de la verdad viene de su capacidad de revelar. En ese sentido, Miriam es una jugadora. Sabe que el público anhela saber lo que no ve, y da pávulo a su curiosidad regalándole el pan y circo de un adulterio entre la amiga y la antigua esposa de su exmarido. ¿Está jugando bien en la casa de Gran Hermano?

Como todas las sociedades y grupos humanos, Gran Hermano construye sus propias reglas, algunas escritas y otras no. La consigna de ir de cara, no hablar a la espalda y no ser traidor parece el gran dogma de los realices. Igual de válido puede ser no mencionar a menores de edad, y familiares que pueden sufrir las consecuencias.

Suso apunta en una imagen que no hace falta ir tan lejos con las verdades. No hace falta contar todo a todos. El moderador, Jorge Javier, testigo de que el pez ha mordido el anzuelo, no va a dejar que escape fácilmente. Le pregunta en la gala, la pone contra alas cuerdas, cuestiona la franqueza de la concursante, no va a dejar que se vaya sin afirmar que sabe lo que sabe.

Hay reglas escritas, como la verdad, y reglas no escritas, como la libertad. Miriam Juega mal sus cartas porque no ha dicho lo que ella quiere, ni cuando ella quiere. Ha insinuado en una discusión y es esclava de lo que insinua. Juega mal porque no le hace falta dar pan y circo al espectador para ganar el codiciado trofeo. El público la ha investido mártir de los conflictos y, aunque no lo sepa, el premio es suyo, revele o no revele.

* * *

Freud cuestionó a la sociedad tradicional sacándole los colores con la importancia del sexo. La libido era el motor subterráneo de de los afanes que antes parecían castos. Tenga o no razón, la pulsión que mueve GH es igual de poderosa y no es otra que el dinero. Todos los concursantes conspiran para llevarse el Maletín y aguantan a cambio de una cantidad semanal. Igual que el chiste actúa como válvula del escape para las tensiones sociales hablar del maletín relaja tensiones. Igual que la represión generaba neurosis en los pacientes del doctor austriaco, callar y olvidar lo sencillo que los mantiene allí delante de las cámaras, es fuente, a menudo, de sufrimiento de los concursantes.

domingo, 16 de septiembre de 2018

Sucedió una noche. De Frank Capra

Un periodista recién despedido de su diario en la América de la crisis de los años treinta, descubre a una millonaria que huye del férreo control de su padre para reunirse con un amante. El periodista le ofrece ayuda a cambio de una exclusiva para su periódico.

Él desprecia sus modales de señorita y la vida regalada que ha vivido, y le da lecciones sobre la vida, unas veces acertadas, y otras ridículas, pero siempre llenas de ternura, que irán ganando el corazón de la heredera.

En los moteles que visitan deben ahorrar el poco dinero que les queda con habitaciones dobles, así que él construye un muro simbólico con una cuerda y una manta que llama “Las murallas de Jericó”. Capra construye en todas sus películas metáforas y mentiras que son más bellas que la realidad, y, también, más fuertes en un plano narrativo.

Peter (Clark Gable), es un héroe que teje un universo de historias para su protegida de lujo. Es, también, un héroe contenido. Construye un muro de tela para defender la castidad que se vuelve inexpugnable. Reclama al padre su dinero que se reduce a unos dólares, en vez de exigir la recompensa. Es un hombre orgulloso no un aprovechado. Es un héroe para unos tiempos de crisis económica. Un modelo que enseña a todos a vivir con pocos medios y mucha imaginación y a pedir muy poco. Un héroe que exhibe como su gran activo, su capacidad de ponerse límites a sí mismo.

sábado, 1 de septiembre de 2018

Elegía. De Phillip Roth

La muerte de un publicista nos muestra lo duro que es el anonimato que tiñe la muerte. El libro se adentra en esa sombra que no podemos compadecer.

Roth se recorre la infancia y la vida de su personaje, un muerto de tantos, a través de sus visitas al hospital. La hernia, el apendicitis, los bypases. En la residencia donde se retira, enseña pintura:
«Todos menos dos eran mayores que él, y aunque se reunían cada semana en un ambiente de alegre camaradería, la conversación giraba invariablemente en torno a la salud y la enfermedad, ya que para entonces sus biografías personales se habían vuelto idénticas a sus historiales médicos y el intercambio de datos clínicos desplazaba prácticamente a todo lo demás.»

De la narración de su historial quirúrgico pasa a su vida sentimental. De sus tres matrimonios tiene tres hijos. Nancy, la hija del segundo, es su consuelo. Los dos varones del primer matrimonio son su cita con los jueces implacables que le invitan a juzgarse, a dejar de comprenderse y de aceptarse:
«Ya no buscaba el afecto de los hijos habidos de su primer matrimonio; tanto ellos como su madre sostenían que nunca había hecho lo correcto, y ofrecer resistencia a la constante reiteración de esas acusaciones y a la versión que daban sus hijos de la historia familiar requeriría un grado de combatividad que había desaparecido de su arsenal. La combatividad había sido sustituida por una enorme tristeza.»

«Ya eran cuarentones, pero con respecto a su padre seguían siendo los niños que eran cuando él abandonó a su madre, unos hijos que por su naturaleza no podían comprender que la conducta humana pudiera tener más de una explicación, unos niños, sin embargo, con el aspecto y la agresividad de hombres, y contra cuya labor de zapa él nunca podía mantener una sólida defensa. Habían elegido hacer sufrir al padre ausente, así que él sufría, invistiéndoles con ese poder. Padecer por haber obrado mal era todo lo que jamás podría hacer por complacerles, pagar su factura, tolerar como el mejor de los padres su exasperante.»

En su recorrido llega al hermano. Poco a poco ha ido creando un resentimiento. Procede de la envidia. El hermano es feliz en su matrimonio, y no tiene problemas de salud. Así avanza Roth en su narración, quitando capas de hipocresía a todo lo que dice, desnudándose más y más sin que nos demos cuenta, hasta quedar como un cristal sin distorsiones.

Una de las alumnas de su curso de pintura llama la atención por sus colores. Él no consigue animarla. Nada tiene sentido y elige el suicidio. Esa opción es una de las que baraja el protagonista, no es ni peor ni mejor que las otras. La segunda esposa sufre una apoplejía. Antes de entrar en el quirófano, llama a tres amigos de la agencia. Todos están muy enfermos. Roth nos enseña que nada queda ante la muerte.
«El intento de pasar algo más de tiempo en compañía de los residentes de Starfish Beach también era insoportable. Al contrario que él, muchos no solo eran capaces de sostener conversaciones enteras que giraban en torno a sus nietos, sino de encontrar razón suficiente para vivir a través de las vidas de sus nietos.»

Igual que un científico implacable, Roth busca algo a que aferrarse, algo que dé sentido al final de la existencia. Y no encuentra ninguna respuesta fácil.

La tertulia

¿Es el protagonista un hombre egoísta? ¿Es un hombre con problemas psicológicos? ¿Es un mujeriego incorregible? ¿Es un inmaduro?

Roth no eligió el título de Everyman por casualidad. Quiso contar una historia del final de la vida de un hombre que podía ser cualquiera, cualquier lector. Lo acompañó de defectos, de incongruencias, como puede tenerlas cualquiera.

A veces lamento que vivamos rodeados de literatura positiva y de decálogos para ser felices. Vivimos en un mundo tan lleno de recetas que cuando un ser humano abre su corazón y nos muestra lo dolorosa que puede ser la soledad en la senectud, le damos una pastilla, o una fórmula.

Roth nos invita a caminar de la mano de un ser humano al que no pone ningún nombre, porque es cualquiera de nosotros. Leer la novela como la historia de un fracasado es el camino más rápido para no preocuparnos por él, para cerrar la tapa del libro y olvidarlo. Leer una gran novela como la de Roth como si fuera un libro de autoayuda es una de las muchas posibilidades que nos brinda la lectura para no escuchar.

Si el protagonista era narcisista, se mereció su final triste, pero Roth no cuenta esa historia. Cuenta una historia universal que atañe a cada uno de nosotros. La vejez puede ser una gran tragedia silenciosa. Y es bueno que alguien escriba sobre ella, y que muchos escuchemos, sin juzgar.

Enlaces:

Guadalupe Nettel. Letras Libres: Elegía es totalmente atípica en la bibliografía de su autor. El tono es mucho más reflexivo, serio y grave que nunca. El lector, acostumbrado a narradores como Kepesh o Zuckerman, no encontrará aquí la deliciosa ironía que caracteriza a la mayoría de los libros escritos por Philip Roth. A cambio, descubrirá una ternura nueva, una resignación dolorosa, una evocación de la infancia en familia que recuerda a las novelas de Isaac Bashevis Singer, aunque en lugar de Polonia estemos en los suburbios judíos de Nueva York.
[...] La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre” (p. 129)
[...] Se trata pues de una tragedia cotidiana, la más común de las catástrofes y sin embargo la más aterradora. Su violencia radica en que nos obliga a abrir los ojos y a sentir durante escasas pero perturbadoras 150 páginas, la conciencia de la muerte, esa llaga incurable que todos tenemos abierta. 

José Antonio Gurpegui. El cultural de El Mundo. En Crónica de una muerte anunciada Gabriel García Márquez ensayaba un modelo narrativo en que el suspense quedaba fulminado en los primeros compases y, sin embargo, la novela lograba conducirnos por los senderos de la ansiedad.

viernes, 31 de agosto de 2018

Lecturas de verano

Hoy terminé de leer dos libros excepcionales: “Sapiens” de Noah Yuval Harari, y “Por qué el mundo no existe” de Markus Gabriel. En lo que va de verano también he leído: “Ana Karenina” de Leo Tolstoi, “La lluvia amarilla” de Julio Llamazares, “La verdad sobre el caso Harry Quebert” de Joël Dicker, “Tafetán” de mi hermano Antonio,  “¿Qué estás mirando? 150 años de arte moderno" de Will Gompertz, “Story Genius” de Lisa Cron, “La muerte en Venecia” de Thomas Mann y “Elegía” de Philip Roth. No he conseguido acabar “Lolita”, de Nabokov porque el asunto de la menor me produce un rechazo que el lenguaje exuberante no consigue quitar de mi cabeza; ni “La analogía”, de Hofstadter y Sander, porque estoy disfrutando demasiado a pequeños sorbos y no quiero apresurar la lectura, también, porque sólo lo han editado en papel.

miércoles, 29 de agosto de 2018

Novio por una noche

"Good Luck Chuck"

Arround you love will fall like rain
But you shan’t hold it
—Your heart will pain.
Once the girl has been with you
To the next she will be true
Las maldiciones pueden ser discutibles en el mundo real, pero en la ficción tienen la mala costumbre de ser más fiables que las matemáticas.

Una maldición de la infancia, brinda a las chicas que ligan con Charlie, el gran amor de sus vidas justo después; lo cual no es ninguna tragedia, ya que la cola de sus conquistas crece sin parar a la vez que los mensajes de su contestador.

Charlie ha cumplido el sueño más profundo del universo machista, tiene relaciones sin compromiso con todo tipo de mujeres; hasta que conoce a Jessica Alba, la cuidadora de los monógamos pingüinos, a la misma vez que su amigo Stu le confirma que su maldición se ha cumplido en todas sus relaciones. Charlie tiene un problema pues: Si se acerca a la mujer de su vida, será otro quien se la quede.

Por muy absurda que parezca la premisa narrativa de la maldición, hace funcionar con una lógica brillante las dos características más visibles de los machistas tradicionales: el desprecio por las mujeres a las que usan como objetos de usar y tirar, y la obsesión casi enfermiza por una sola a la que colman de una atención desmedida.

En el mundo real, el binomio desprecio hacia todas y posesividad hacia una sola puede explicarse mejor con las fijaciones madre hijo y otras neuras de las que un psicólogo puede hablar con más autoridad. En el mundo de la pantalla, dar con un correlato que hace funcionar esa relación, es una ocurrencia brillante.

Por qué el mundo no existe

Markus Gabriel "Por qué el mundo no existe"

¿A dónde nos lleva Gabriel enfrentándose a la idea de “Mundo”? A evitar los fetichismos y las superverdades, para empezar. En su capítulo sobre la televisión, habla de las series que tratan de nada, sólo de sí mismas. Los campos de sentido le sirven como construcción ontológica para evitar el caos de los perspectivismos.

Es posible que el mundo tal como queda tras el paso de Gabriel no sea más cierto que los mundos que han creado otros filósofos, pero lo que no cabe duda es que es mucho más divertido.

«Si imaginamos el mundo como algo de lo que nos podemos hacer una imagen, con esa metáfora ya hemos asumido que nos hallamos frente al mundo, fuera de él, y que la imagen que nos hacemos de él debería poder compararse con el mundo mismo»

«El fetichismo señala un objeto como la fuente de todo y trata de desarrollar a partir de él el modelo de identidad que todo las personas deben seguir. En ello sólo es superficialmente decisivo si se trata de adorar a Dios o al Big Bang.»


Malevich hace de ese vaciamiento del mundo un efecto importante de su pintura, un fenómeno al que solo se accede cuando percibes que esa obra aparentemente sin objetos es en realidad una obra sobre la objetividad, que se sitúa entre el mundo y nosotros.
“Todo esto sucede porque el mundo es desconocido para el hombre. Si el hombre entendiera el mundo, entonces no habría nada de todo esto, y el hombre no necesitaría hacerse una imagen del mundo. Nos esforzamos sin cesar por determinar lo desconocido y convertir cada fenómeno en «algo» comprensible, cuando el verdadero sentido es el opuesto: todo «Nada» se ha alzado contra todo «Algo». Lo que era «Nada» se convierte en «Todo», y todos los «Algo» se han convertido en «Nada» y siguen siendo «Nada».” (Malevich, Suprematismo)
Normalmente no nos ocupamos del mundo, sino de los objetos. Ni siquiera nos ocupamos explícitamente de la ubicación de los objetos en sus respectivos campos de sentido, sino que simplemente nos los encontramos enfrente. Los objetos están, por tanto, entre nosotros y el mundo, encubren sus campos de sentido, así como el hecho decisivo de que el mundo no existe. Por eso creemos que existe, un error del que nos líbera el arte.
Todo aparece, en última instancia, ante un trasfondo que por sí mismo no emerge. Si percibimos eso, adhiriéndonos por ejemplo al movimiento de ideas que emanan de la obra de Malevich, entendemos que el mundo no existe. El último trasfondo ante el que todo surge, no existe en sí. El Cuadrado negro sobre un fondo blanco nos muestra simbólicamente que cada objeto aparece en un campo de sentido, en el que no aparece sin embargo el trasfondo de ese acontecimiento. por eso en el suprematismo de Malevich no aparece el mundo ordinario. Solo de esa manera alcanza el efecto deseado del vaciado del mundo, liberándonos de la obsesión de que hay un campo de sentido que todo lo abarca y en el que tenemos que integrar todo. Supera así la obligación de la integración que consiste en suponer que hay un solo orden conceptual al que debe someterse todo lo que existe.

lunes, 27 de agosto de 2018

Horizontes de Grandeza


Lecciones de masculinidad

El héroe y antiguo oficial de la marina que viaja hasta Texas para unirse a su prometida se enfrenta a tres retos: recoger la ofensa de los Hannassey que se burlan de él, demostrar que no se asusta ante un potro salvaje y puede domarlo, y pelearse con el capataz del rancho que lo insulta por una excursión que él hizo a las tierras vecinas de los Maragon.

Va a casarse con la rica heredera de un enorme territorio, ¿Está a la altura de la dama? Ella se siente cada vez más decepcionada. El amante falla en las tres pruebas; pero sólo falla en público. Cuando está a solas, doma al potro, compra el rancho de los Maragon para ella y despierta al capataz para enzarzarse en una pelea de puños interminable.

La película es un manual para héroes discretos, una loa a aquellos que huyen de la fanfarronería.

El telón de fondo de este manual de masculinidad es la guerra sin cuartel de dos familias: los Hannassey que viven en un desfiladero con gran austeridad y unos hijos maleducados y los Terrill, que pretenden encarnar a la buena sociedad pero carecen del nivel moral que hace falta para serlo.

James McKay, el marinero, es una lección tanto para su prometida que no sabe entenderlo, como para los patriarcas de ambas familias enfrentadas. Es el hombre de principios, el caballero en el que Rufus Hannassey (Burl Ives inigualable), siempre soñó que llegara a convertirse su hijo.


lunes, 30 de julio de 2018

Principiantes

Este es mi verano de textos no profesionales. No paro de leer textos sin publicar. ¿En qué se distinguen de los profesionales? Yo diría que en el foco. El amateur piensa que todas las miradas están clavadas en él, igual que un orador nervioso. El escritor con oficio sabe que el foco está en lo que cuenta, no en sí mismo. El verdadero maestro va un paso más lejos, sabe que el tema es una mera excusa, sabe que el objetivo es la mente del que lee, del que escucha.

lunes, 2 de mayo de 2016

Trumbo


La primera enmienda de la constitución de EEUU prohíbe coartar la libertad de culto y la libertad de expresión. Después de la Segunda Guerra Mundial A McCarthy y sus seguidores les pareció menos importante este detalle de la constitución de los EEUU que la lucha contra el comunismo. A esa época se le llama gráficamente «La Caza de Brujas».

Cuando el poder se salta las reglas del juego que él mismo ha puesto, siempre hay que esperar que haya víctimas. El guionista Dalton Trumbo fue uno de los muchos que pagaron el despropósito y fue a la cárcel para lección y escarmiento de sus seguidores.

Dice Marco Aurelio que no debemos temer ningún mal que nos cause dolor, sino solo aquellos que nos hagan más viles. ¿Cómo explicar a un espectador el horror de los que fueron obligados a la delación de sus camaradas?

La película es un retrato esa y otras degradaciones. No vale tanto para mostrar el horror de esa época lamentable cuanto para entender  la conexión entre ideas y títulos que antes parecían tan dispersos como “Vacaciones en Roma” “Éxodo” y “Espartaco” y que ahora componen un argumento, y forman parte de una sola tragedia, la del calvario de Dalton Trumbo.

A veces uno interpreta una película desde la propia experiencia, desde su trastienda; y no sabe cual fue la experiencia desde la cual fue compuesta. Cuánto no daríamos por saber que experiencia de Kafka le llevó a componer algunos de sus relatos. Alguna de esas trastiendas, observa Borges al hablar de Whitman, podrían decepcionarnos. Otras, como esta que hay en Truman, puede enriquecer su obra indefinidamente.





Rotten Tomatoes | IMDBFilm Affinity | La Butaca | Juan Manuel González (Libertad Digital) | Elizabeth Day (The Guardian) | Wikipedia |

domingo, 24 de mayo de 2015

Un viejo que leía novelas de amor

Los shuar viven en la selva, son parte la selva, y están en equilibrio con la naturaleza. Ellos usan los recursos para curar enfermedades, para vivir, y no la destruyen. Cuando han vivido en un área mucho tiempo se marchan para dejar que la naturaleza se regenere. La civilización, por el contrario, vive en el pueblo. El alcalde viste botas que le impiden caminar y mucho menos cazar, los americanos vienen a explotar el petróleo, cargan fusiles llenos de balas que destruyen el equilibrio de la selva.

“Un viejo que leía” novelas de amor trata de dos civilizaciones, la que convive en equilibrio con el mundo natural, la de los shuar, y la que lo explota con avaricia. Occidente es el ansia inútil de acaparar.

El protagonista vive a medio camino entre las dos civilizaciones. Antonio José Bolivar Proaño procede de la civilización pero no se ha manchado con ella, se fue a vivir a la selva con su esposa y después de un sinfín de ordalías, ella murió. Él sobrevivió a una mordedura de serpiente y los shuar lo adoptaron. Así llegó a ser parte de la selva, como un shuar.

Leyendo la novela desde Europa uno podría sentir que el propio lector, el consumidor de ficciones, pertenece a ese mundo destructor. Nosotros, los lectores, somos el mal. Pero Sepúlveda encuentra una redención. El anciano que vive y siente la selva, ama, a la vez, otra cosa. Ama las novelas que le traen de occidente, se interroga sobre los canales de Venecia y piensa que cosa es una gran ciudad. Occidente se salva, porque, aunque occidente explota sin cordura los recursos del mundo, es capaz, a la vez, de crear novelas de amor.

domingo, 3 de mayo de 2015

Félix - José (0-1)

jueves, 16 de abril de 2015

El lector del tren de las 6.27

Didierlaurent
Jean-Paul Didierlaurent.
El lector del tren de las 6.27.
Seix Barral, 2015
Hace tiempo, una profesora de un curso de creación de relatos, nos puso de tarea anotar tres personajes que se nos ocurrieran por la calle, tres lugares y tres situaciones. Didierlaurent ha hecho un ejercicio parecido con media docena. El reto consistía en hacerlos converger en algún punto de la trama. Yo no supe unir a un portero argentino con un cerrajero. Didierlaurent tampoco sale airoso. Él eligió un trabajador de una trituradora de libros, varios compañeros, uno que habla en alejandrinos, otro que perdió las piernas. El protagonista lee en el cercanías trozos que rescata de la cosa (la trituradora); hay dos señoras mayores que lo invitan a leer en una residencia, también un anciano que pasea su perro moribundo, y un pez rojo. La musa se deja olvidado su pendrive y Guibrando la reconstruye leyendo sus textos. Pienso que Didierlaurent es demasiado esclavo de la necesidad de sorprender. No sé si la cultura francesa tiene algo, pienso en Amèlie, que la invita a caer en este tipo de ensoñaciones, o que las hace tolerables a sus lectores.

Sobre el romanticismo
Los caracteres imaginativos, como el mío, nos piramos por la palabra, por las historias. El romántico va un punto más allá. Lleva las historias a un grado de esperanza que asusta a mis correligionarios. Por ejemplo, me gusta lo fortuito de los encuentros de Amelie con el chico del sex-shop, y con el trabajador de los fotomatones, pero me asusta las expectativas que pone en el primero. Me interesa la fascinación que Guibrando pone en la trabajadora de los lavabos, pero no entiendo la ilusión que pone en verla.

Es una cuestión de príncipes azules. Los románticos acaban las historias cuando se conocen o se dan un beso. Los escuchadores, o imaginativos, como nos llama Litvinoff, ponemos el oído en el momento en que se conocen. Para nosotros ése siempre es el primer acto.

Más
Mónica Basterrechea.
Libros prohibidos.

martes, 26 de agosto de 2014

Alphas and Betas

Leadership: Why Alpha Is Over and Beta Is Better

by Elizabeth Palermo, BusinessNewsDaily Contributor   |   September 14, 2013 08:41am ET

What do Amazon, Zappos and Timberland have in common besides about a billion pairs of shoes? They're all "beta" businesses— that is, businesses that follow their own unique paths and organize themselves along nontraditional lines.

These aren't the hierarchically structured, cutthroat corporations of centuries past, not by a long shot. Beta businesses— a term coined by entrepreneur and "Corporate Anthropologist" Dana Ardi in her new book, "The Fall of the Alphas: The New Beta Way to Connect, Collaborate, Influence— and Lead" (St. Martin's Press, October 2013) — thrive on shared leadership, open communication and employee collaboration.

Take, for example, Zappos' "core value" of building relationships through open and honest communication. That's not just a nice sentiment, it's company policy. Or consider Timberland's "Path of Service," a corporate policy that encourages employees to perform community service by paying them for it.

In an email interview with BusinessNewsDaily, Ardi explains how such policies and corporate structures represent the beta way of doing business and why this departure from the norm will usher in a more efficient corporate age.

BusinessNewsDaily: First of all, can you explain what a “Corporate Anthropologist” is.  Is that an official title or just a way you describe yourself?

Dana Ardi: I coined the phrase Corporate Anthropology to describe the deep study of organizations— company culture, mores, values, communications, diversity, physical spaces, roles of individuals, and how they organize to accomplish strategic initiatives.

As a Corporate Anthropologist, I study the cultures of organizations— how they evolve and intersect with what’s happening right now, and how the people in them influence and shape their communities. In my work as a consultant, I believe it is critical to take a larger, 360-degree look at what is happening socially, culturally, globally, digitally, and across generations to best advise organizations.

BND: What is the catalyst for the fall of the alphas? What has changed to make this happen?

D.A.: For centuries, the hierarchical style and structures that I call the Alpha paradigm was the only way leaders led, and the only way organizations organized. As I explain in "The Fall of the Alphas," leaders asserted themselves aggressively, competed rather than collaborated, and conquered rather than compromised.  This trickled down to younger generations as the single template of how to be, act, behave, and aspire. 

Organizations were constructed like pyramids with predetermined and narrowly defined steps or rungs leading to the top. The slightest suggestion of a more community-oriented or compassionate approach was seen as “soft,” certainly not sufficient to lead a “tough” organization through “tough” times. 

But everything changed with the dawn of the Informational Age. It was my realization that work in the Information Age is heuristic— it stimulates inquiry, trial and error and is fluid. Creativity, technology, social change and globalization have created the opportunity to rethink how we organize and come together. The new Beta way is all about the way we need to connect, collaborate, and influence to meet the challenges of this information age.

BND: Is this inherently a good thing or are there drawbacks?

D.A.: The Beta Model of flatter, more collaborative organizational structures has many advantages. The model fosters teamwork. It allows for more open and transparent communication. It brings new voices to the table for there is more involvement and participation in creating opportunities and problem solving. It leverages the knowledge and intellect of the team.

Beta companies have disadvantages if poorly implemented. Many leaders feel loss of control. Many employees, if not properly considered and self-motivated, feel role confusion. Coordination and organizational learning must occur or there will be confusion. Beta organizational principles are not suitable for all activities but collaboration and open communication is still a Beta cultural imperative. Beta organizations must evolve. Their success relies on self-awareness and personal responsibility.

BND: Will the new world of work be more efficient, without Alphas to lead the way?

D.A.: The new world of work will most definitely be more efficient. Technological advances will enable collaboration and data models will enhance decision-making. Beta organizations will still have strong leaders who are emotionally intelligent, self-aware and capable of bringing out the best in their colleagues.  Beta organizations will recruit and deploy teams of diverse skill sets. Companies can no longer live in a single private bubble. No single Alpha, no single leader can possibly guide a complex, constantly evolving networked organization. In "The Fall of the Alphas," I show that the Beta model becomes more efficient for it enables the leader to bring out the best from team members and guide their talents rather than command and control.

BND: What will work look like in 10 years? How will it be different?

D.A.: The nature of work is evolving. In the next decade the baby boomers will retire and the millennials will take over. For this generation traditional roles are “in play." These Information Age workers grew up texting, pinging and yelping. Their common language teems with e-pinions, tweets, pins, shares and viral forwards.  They work and think in groups. In contrast to the Alpha era where work was algorithmic and incremental, where experience mattered more than anything else, work for the millennials will be fluid and heuristic. Heuristic work stimulates inquiry typically by trial and error and discovery.

That is why understanding “The Fall of the Alphas” is essential for forward-looking businesses. Enterprises will be global and technology will continue to provide tools for collaboration and connectivity. Robotics will take over manual tasks. Knowledge workers and the craftsman economy will thrive. Companies will have small cores of high impact teams that take on strategic initiatives. These teams will represent diversity of thought and knowledge. 

Companies will be a connected ecosystem of other organizations that will partner with them and collaborate on many fronts. The new Beta leaders will be leading and following depending on the role they play. Strategic alliance and strategic investments will replace acquisitions. Companies will be defined by their cultures. Innovation will be a key driver. Organizations will be more reflective and self- aware and organizational structure and definitions of leadership will continue to evolve.

Originally published on BusinessNewsDaily.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Fantasía aumentada

Los capítulos XI al XIII del Quijote componen una novela dentro de otra novela. Unos cabreros enamorados de una joven del pueblo dan la excusa para poemas de amor y temas pastoriles.

A mi me hablan de un vivero inagotable de la fantasía, hablo del otro, de ese otro que no conocemos y, a veces, nos da miedo. En las películas de fantasmas, ese otro era el fantasma, en las de extraterrestres era el alienígena.

En la historia de fantasmas el fantasma era una aparición, un algo externo, una amenaza. Oscar Wilde dio un paso hacia el fantasma haciéndolo simpático, haciendo que expresara una subjetividad. Cuando lo conocemos ya no podemos tener miedo. Un paso más lo da Shyamalan en El Sexto Sentido cuando el fantasma es el protagonista, y cuando ya nos hemos identificado con ese fantasma.

Es lo mismo con el extraterrestre temido. En ET de Spielberg sigue siendo el otro, pero ya despierta nuestra simpatía. Cuando la nave nodriza parte, nos alegramos de que Eliot se quede. Los marcianos en su planeta y nosotros en el nuestro. Avatar, en cambio, es la historia de una alienación. Cuando acaba, Cameron ha conseguido que nos identifiquemos de tal modo con el na'vi que queremos que Sully sea uno de ellos. Y la conversión es un momento de euforia consegudo.

Ocupar el espacio fantástico de esos otros es un vivero para la creación. Conocerlos, identificarnos... he mencionado los cuatro capítulos del Quijote que componen una novela pastoril porque son expresión de ese mismo afán. En ellos, Cervantes habla de una pastora cuya hermosura desarma a todos los cabreros de las inmediaciones y a uno de ellos, Grisóstomo, al suicidio. Cervantes quiere acercarse al verso de amor escuchando al otro, a la amada que nunca tiene palabra y solo es objeto y anhelo. Cervantes hace hablar a Marcela y explicar que ella no da pávulo a los amores de los pastores ni lo dio al difunto, y que sentir amor por la belleza no puede ser un yugo para la belleza. Esa defensa y ese acto de libertad la convierten en un individuo completo, en una creación suprema. Marcela es un ejemplo de como aumentar la fantasía identificándote con ese otro.

sábado, 2 de agosto de 2014

Desigualdad

Una noche de verano, sentado en terrazas, parecía más fértil que muchas de invierno encerrado en casa. Discutiendo con A. le dije que la única diferencia entre él y yo era la desigualdad. Para él las personas no eran iguales. Él se lo tomó como una crítica, yo lo formulé más bien como una descripción. Los amantes de la diferencia disfrutan hablando del otro con cierto orgullo, los amantes de la igualdad lo hacen con humor, pero cada uno, a su manera, tiene su risa de placer.

Por la mañana, el sábado se despertó fresco. Me vino a la cabeza la conversación y también la de mi anfitrión americano que llamaba a Canadá su jardín. El jardín de América. Cuando hizo esa analogía con la casa yo me imaginé el resto de las dependencias y pensé que parte era España. ¿Eramos el retrete? pensé con desconfianza. Pero en realidad no hacía falta, ellos ya habían puesto un nombre al mundo hispano, el patio trasero era un término que resumía todo.

Cada país se confecciona su identidad a partir de sus conflictos. La española viene de una guerra civil, luchar contra uno mismo nos hace complejos, pero la americana es muy clara, ellos son los que derrotaron el nazismo y salvaron a los judíos del holocausto. El nazismo quiso convertir el mundo en una pirámide de estratos y razas con la aria en la cúspide, y los americanos nos salvaron de un mundo atroz.

Antes de volver a casa pensé que menudos salvadores al fin y al cabo. Porque habíamos vuelto a la misma pirámide pero con nombres de habitaciones. Si el mundo iba a ser gobernado de esta manera, daba igual que ganaran ellos o que hubieran ganado los otros. Pensé que quizá, solo quizá, el igualitarismo era una forma de llamar a las cosas, pero que al fin y al cabo, un patio trasero, siempre sería un patio trasero.